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Misioneras de María
XAVERIANAS

Podcast

La luz ha surgido


El relato del inicio del ministerio de Jesús, según el Evangelio de Mateo, presenta tres acentos que, juntos, expresan su significado.
La insistencia en la elección geográfica (Galilea, Cafarnaúm a orillas del mar), la referencia al momento elegido por Jesús (apenas se entera del arresto de Juan) y la categoría simbólica (luz–tinieblas).

Varias veces, en pocos versículos, se insiste en la Galilea y en su “mar”, el lago de Tiberíades. Galilea era un cruce de pueblos, una ruta comercial donde el contacto con los “extranjeros” era cotidiano para los hijos de Israel. Un verdadero lugar de frontera y de encuentro de diversidades. El texto precisa que Jesús se traslada a la “vía del mar” y, poco después, comienza a caminar por la “orilla del mar”. Se acerca cada vez más a ese “mar” que, en la Escritura, es símbolo del mal y de todo aquello que amenaza la vida. Y Jesús lleva la salvación a cada rincón de esa región: «recorría toda… anunciando… enseñando… sanando…».

“Cuando Jesús supo que Juan había sido arrestado…”

El momento oportuno. Jesús hace coincidir el inicio de su ministerio con la noticia, dolorosa, del arresto de Juan. El “fin” del ministerio de Juan se convierte para Él en un impulso, en el tiempo de actuar, en un nuevo comienzo. Es el estilo de Dios: algo que parece el final del camino, un muro, en sus manos se transforma en trampolín, en vida nueva…
Así lo cuentan algunas jóvenes misioneras xaverianas de Burundi a propósito de su llamada. Cuando supieron del asesinato de tres misioneras ancianas en Bujumbura, sintieron el deseo de tomar su lugar y entraron en nuestra familia. El final brutal de aquellas misioneras las llamó a un nuevo comienzo.

“El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz,
para los que habitaban en región y sombra de muerte, una luz ha surgido”.

La cita de Isaías, que Jesús lleva a cumplimiento con su desplazamiento, insiste en el símbolo de las tinieblas y de la luz: Jesús, la luz, decide habitar precisamente en esa tierra tenebrosa, a la orilla del mal del mundo, para iluminarla con su palabra y con sus gestos, para arrancar de las orillas engañosas del mal y del pecado, con la luz de su mirada, que se posa e invita a seguirlo.

El Padre lo ha enviado para “librarnos del poder de las tinieblas” (Col 1,13). En el cruce de las culturas, viene a traer la luz que las ilumina a todas, disipa sus sombras y revela su belleza. Jesús viene a habitar cada uno de nuestros “arresto–mal–oscuridad”, para traer “nuevo comienzo–sanación–luz”.
No hay oscuridad que pueda apagar su Presencia.

  • Elisa Lazzari
  • 24 Enero 2026
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