Skip to main content

Misioneras de María
XAVERIANAS

Podcast

El misterio oculto se revela a la humanidad


Porque soy misionera desde el vientre de mi madre, la Epifanía —una de las fiestas misioneras más bellas del calendario litúrgico católico, que celebra la memoria bíblica histórica de la visita de los Magos de Oriente— es para mí algo que toca profundamente mi ser.

La Epifanía, del griego epiphaneia (“manifestación” o “aparición”), afirma con profundidad la visibilidad de Dios y la universalidad de la salvación. Se celebra el 6 de enero.

El evangelista Mateo narra la historia de los Magos de Oriente que visitan al niño Jesús en Belén, guiados por una estrella, con muchos detalles interesantes:

El acontecimiento ocurre durante el reinado de Herodes el Grande, en un período de gran expectativa mesiánica.

Se destaca la manifestación de Jesús como el Cristo, tanto para los judíos como para los gentiles, representados por los Magos.

Hasta el acontecimiento de la Epifanía, la promesa mesiánica era vista desde la óptica de una herencia nacional. Con la llegada de los Magos de Oriente, esta pasa a simbolizar que el Mesías vino para “los suyos”, pero también para toda la humanidad.

Teológicamente, con la Epifanía los gentiles (los no judíos) entran a formar parte de la alianza mesiánica.

¡Qué hermoso! Dios se deja encontrar por personas que están “fuera” de los muros religiosos tradicionales, revelando que la gracia es un territorio sin fronteras, universal. La Epifanía nos enseña que Dios es un Dios que sale al encuentro.

La imagen de la Estrella es central. En la teología patrística, Cristo es el “Sol de Justicia”. La Epifanía es el momento en que la luz divina incide sobre la realidad humana para guiarla por caminos nunca antes vistos. Además, los Magos vieron la Estrella porque salieron. Esta es la novedad: Dios salió y descendió; los Magos salieron y vieron. Y cuánta alegría experimentaron en este encuentro. Misioneros y misioneras continúan saliendo, partiendo, llevando la Buena Nueva, que es Dios mismo dejándose encontrar por la humanidad.

Es un paradoja que fascina: los Magos buscan un rey, pero encuentran a un niño; esperan un palacio y ven un pesebre. La Epifanía acontece allí donde los ojos deben trascender lo visible para admirar el espectáculo sublime que se revela en la pequeñez.

La simbología que resalta es un valioso camino de fe:

La inquietud: no se quedaron inmóviles; supieron leer los signos de los tiempos y se pusieron en camino. La fe, desde la perspectiva de la Epifanía, es movimiento, salida, encuentro.

Los dones: los regalos ofrecidos poseen un profundo simbolismo teológico sobre la identidad de Jesús:

oro: reconocimiento de su realeza;

incienso: reconocimiento de su divinidad;

mirra: usada en sepulturas y con valor medicinal. Aquí se destaca que Jesús sería un rey humano, capaz de sentir el dolor y de morir, como anuncio de su sacrificio y de la redención, donde se revela al Dios solidario con el sufrimiento de la humanidad.

“La estrella iba delante de ellos, hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño.”

“Al volver a ver la estrella, los Magos sintieron una grandísima alegría.”

Quisiera destacar estos versículos, pues me evocan recuerdos muy profundos de una experiencia misionera vivida en tierras africanas.

Nunca he visto un cielo nocturno más hermoso que el del Chad, donde las estrellas brillan con gran intensidad. En una noche de enero, mientras contemplaba el cielo estrellado, me perdí en mis pensamientos y meditaba el Evangelio de este domingo; entonces me dije a mí misma:

“Ah, Magos afortunados, creo que la estrella que los guió hasta el lugar donde estaba el Niño también me está guiando a mí en esta tierra de misión. Aquí podemos contemplar la belleza de este Dios que se deja conocer y amar por todas las personas. Bienaventurados y bienaventuradas quienes salieron como nosotros y vieron las maravillas que Dios nos regala cada día de nuestra vida.”

La Epifanía es el acontecimiento que comenzó en Belén y que continúa manifestándose en las ‘estrellas’ de nuestra vida, en cada encuentro, en las bellezas de la creación, en cada sí a la misión.

Nos invita a ampliar la mirada y nos desafía a preguntarnos:

“¿Dónde está brillando hoy la luz de Dios, fuera de los lugares donde suelo buscarla?”

Es la fiesta de la hospitalidad divina, donde el Creador se convierte en huésped de su propia creación para que nosotros, sus criaturas, podamos convertirnos en su familia.

Que la fiesta de la Epifanía nos inspire en la realización del sueño de san Guido María Conforti:

“Hacer del mundo una sola Familia.”

¡Una feliz fiesta misionera para todos nosotros!

  • Beth Espinhara
  • 02 Enero 2026
  • Visto 220 veces