Al escribir su evangelio, Lucas se preocupa por transmitir que hay una nueva historia que se inauguró con la llegada de Jesús a la humanidad. La burla de los jefes al pie de la cruz, no hace sino revelar cuál fue el objetivo de Jesús: a otros ha salvado. Lucas fue mostrando que aquellos que lo siguieron, paso a paso hasta el fin, por el camino hacia Jerusalén, fueron preparados por Jesús para quedarse como base de la nueva historia y sociedad que se va a formar. Lucas insistió que aprender de Jesús era una propuesta abierta para quien quisiera seguirlo. Jesús los había acogido con misericordia, “borrando su pasado” e instruyéndolos para la nueva misión.
Jesús fue llevado a la cruz y estando en ella, había varios grupos o personas que querían asegurarse de que Jesús fuera eliminado en el monte Calvario. Los insultos de los jefes, de los soldados y hasta de uno de los que fueron crucificados con él reflejan los sentimientos de aquellos que esperaron de Jesús otro tipo de mesianismo. Y las burlas generalizadas rondan en torno a los títulos de Mesías, Elegido, Rey de los judíos: que se salve a sí mismo, si es de hecho el Mesías, el Elegido de Dios… Si tu eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
Todos estos grupos entienden la salvación como la capacidad de escapar de una muerte ya inminente y segura. Esa sería la prueba irrefutable de que es Mesías dentro de un contexto puramente humano. En la perspectiva de Dios, es una tentación enorme no intervenir con una demostración extraordinaria y espectacular que dejara a todos deslumbrados de su poder, pero hubiera sido una contradicción de todo lo que Jesús había proclamado durante su vida.
Desde la transfiguración, ya aparece Jesús como aquel que fue elegido por Dios para llevar a todos a la salvación. Es el Siervo de Yahvé que Isaías ya menciona trescientos años antes. El que iría a pagar las deudas de la humanidad (Is 42,1). El precio era la entrega de su vida, no tanto para salvarse a sí mismo, como le gritaban los que estaban a los pies de la cruz, sino por una salvación universal, que todo ser humano tuviera la posibilidad de librarse de las fuerzas del mal. El asume la figura de Rey, el que va al frente, el que da la cara y la vida por su pueblo.
Sobre la cruz había un letrero que decía: Este es el Rey de los Judíos (INRI = Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum = Jesús nazareno, rey de los judíos). Los que injurian esconden, debajo de los insultos, que no están de acuerdo con el mesianismo de Jesús porque no fue de acuerdo a su idea de mesías que ellos tenían. Lucas remarca que estos grupos no aceptando la realeza de Jesús, lo desconocen, se apartan y quedan fuera de la posibilidad que tenían en ese momento de “recibir la salvación”.
¿Quiénes son los que entran con Jesús en el Paraíso?
El episodio del “buen ladrón” es único de Lucas y Jesús le promete que estará con él.
- Uno de los “bandidos” crucificado, da su testimonio reconociendo lo que ha hecho de malo, para hacer resaltar la inocencia de Jesús.
- Muestra que la misericordia de Dios jamás se agota, siempre y cuando las personas estén dispuestas a aceptarla.
- Precisamente allí en la cruz es que se manifiesta abiertamente su realeza: Jesús, acuérdate de mi cuando llegues a tu reino.
Las autoridades, creyéndose justos, llamaban “malditos” a aquellos que son puestos a la orilla del camino, los que no producen ni aportan gran cosa, los pobres y enfermos. El clamor y súplica de este ladrón crucificado representa a esa parte del pueblo que no tuvieron la oportunidad de mejores condiciones para aprender y vivir como personas de bien. Al arrepentirse Jesús le contesta: hoy estarás conmigo en el paraíso.
¿Qué es el paraíso?
El paraíso recuerda aquel primer momento de la creación donde Dios ofrece armonía y paz entre las personas y con la naturaleza. Es también lo que Jesús les dice en la sinagoga de su pueblo: ha llegado el año de Gracia del Señor. Hoy se cumple… y luego en la casa de Zaqueo: hoy ha llegado la salvación a esta casa. Paraíso es lo máximo de aquello que uno puede aspirar.
Así pues, a lo largo de todo el evangelio de Lucas, la gente es constantemente invitada a asociarse y unirse al proyecto de Jesús. Los que logran seguirlo hasta el fin, continuarán la expansión del reinado de Jesús por todo el mundo. No se trata de recibir y guardar para sí el don de la fe. Es necesario ponerla en acción a través del testimonio, en el día a día. A eso vino Jesús, a proponerle a la humanidad una manera nueva de vivir y de relacionarse, donde el amor a Dios y al prójimo sean la característica primordial.
Los primeros padres optaron por otro proyecto personal, rompiendo el que Dios les propuso y fueron expulsados del paraíso terrenal para emprender el duro camino de reconstruir el reinado de Dios en otras circunstancias. Esa tarea le toca a la humanidad: trabajar para restablecer una armonía original de humanidad. Jesús, dando su vida, abre la oportunidad de alcanzar el objetivo… Jesús es rey porque ofrece incluso su vida para liberar de las ataduras del mal. A este Jesús, Dios lo ha constituido Rey y Señor del universo, ante el cual se doblará toda rodilla.
Lucas considera que es mucho más importante resaltar su entrega hasta la muerte, que ver a Jesús como objeto de lástima y de compasión, Él consoló a quienes lloraban: lloren más bien por sus hijos. Y mientras Jesús es ofendido en la cruz con burlas e insultos, él responde con el perdón: Padre, perdónalos. Es tratado como malhechor y puesto entre los malvados, pero Jesús acoge al ladrón arrepentido y le promete su compañía en el reino. Vivimos hoy una larga misión.
En suma, para Lucas el momento de la cruz es el momento cumbre de la vida de Jesús, aquí es donde queda a la vista de todos la realeza de Jesús: rey justo que perdona, acoge y comparte su reino con quienes quieran aceptarlo y seguirlo cada día. Jesús es rey, pero no a la manera de este mundo porque no compite por algún puesto en Israel. Es rey porque antes de ver por sí, da la vida para salvar a otros. Hoy podemos decir: Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino
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Gerardo Custodio, sx
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22 Noviembre 2025
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