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Misioneras de María
XAVERIANAS

Podcast

El poder de la fe


Después de algunas instrucciones a los discípulos en los versículos 1-4, el pasaje del Evangelio de este domingo aborda el tema de la fe en Dios utilizando la metáfora de una semilla de mostaza y la actitud que hay que adoptar ante Él, comparada con la que existe entre el amo y el siervo.

La respuesta de Jesús sobre la fe surge a raíz de la petición de los apóstoles, quienes anhelan recibir un aumento de este don. Jesús no accede a su petición y tampoco ofrece una definición de la fe, sino que les recuerda el extraordinario poder que encierra. Para Jesús, tener la fe como de un grano de mostaza, tan pequeño y casi insignificante, sería suficiente para realizar cosas impensables. Esa pequeña fe es capaz de provocar una revolución, porque puede actuar con una fuerza tal que trasciende nuestros esquemas habituales y rompe todas las estructuras humanas. Jesús, «el Señor» de la autoridad y el poder divino, nos da la certeza de que basta con tener una mínima confianza en Dios para realizar grandes prodigios, porque la fe, aunque sea poca, si es firme y fuerte, siempre es una comunión con Dios y nos hace partícipes de su poder.

Aún hoy nos sucede lo mismo que aquellos primeros seguidores y apóstoles. La presencia de Jesús y la comunión con él nos hacen tomar conciencia de la pequeñez, mezquindad o inmadurez de nuestra fe. Él también nos advierte, porque podríamos sentir la tentación de utilizar esa poca fe que tenemos como algo mágico o incluso de jactarnos de lo que hacemos o hemos hecho, de lo que hemos dejado por él. Sin embargo, nada es mérito nuestro. Nuestro trabajo y servicio es solo una respuesta a la bondad y misericordia de Dios, que nos ha amado y se ha entregado por nosotros. Y Jesús quiere conducirnos por el camino de la humildad y la gratuidad.

Es saludable que la experiencia de una verdadera intimidad con Jesús, el Señor, nos sacuda y nos haga descubrir lo frágiles que somos y poder decir: «Cuando soy débil, es entonces cuando soy fuerte» (2 Co 12, 10), porque nuestra impotencia se llena del poder mismo de Dios. Nos encontramos de nuevo ante un desafío: entender que la fe es un don, aprender a dejar de confiar en nosotros mismos y permitir que sea Dios quien actúe, con la certeza de que la salvación viene de Él.

  • Reyna Hernández
  • 04 Octubre 2025
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