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Misioneras de María
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La cruz: simbolo de amor y libertad


La fiesta litúrgica de la Exaltación de la Santa Cruz no celebra el sufrimiento en sí, sino el acto de amor incondicional de Dios que transformó un instrumento de muerte en un símbolo de salvación y de liberación definitiva del pecado. En el Evangelio de Juan, Jesús dialoga con Nicodemo, a quien trata de explicar la fuerza de vida y de salvación que Dios, en Jesús, hace brotar para cada uno de nosotros desde la cruz. Un amor gratuito e incondicional que nos hace libres: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna”.

La Palabra de Dios nos invita a levantar la mirada, para ver más allá de nosotros mismos, incluso en las situaciones más oscuras, y descubrir allí un amor que no está hecho de dulces palabras vacías, sino que muestra de manera concreta hasta dónde Dios se ha entregado para demostrarnos cuánto ama tierna y verdaderamente a cada uno de nosotros.

La cruz es el lugar donde Dios venció la muerte a través de la resurrección de Jesús, ofreciendo a la humanidad la posibilidad de experimentar una libertad radical y de reconciliarse con Él, convirtiendo la vida en una oportunidad para practicar un amor semejante al suyo. La cruz es, por tanto, para el cristiano, signo del amor y de la libertad de Dios.

En la vida cotidiana, el sufrimiento y la muerte nos hacen entrar en contacto con la lógica de la cruz, que puede presentarse en forma de una enfermedad grave, de un problema económico, de desilusiones en las relaciones laborales o familiares, y de tantas otras maneras. A menudo intentamos alejarnos de estas experiencias de sufrimiento, sin comprender que huir de la cruz puede llevarnos a encontrarnos con una cruz sin Dios, lo cual solo significa para nosotros: soledad, desaliento y dolor sin sentido.

La cruz, como “árbol de vida”, nos libera de nosotros mismos porque Dios, en la resurrección de Jesús, ha vencido todo dolor y toda muerte, y nos muestra el camino: no hacia el masoquismo ni hacia la idea de sentirnos castigados por Él, sino para descubrir en su experiencia de muerte y de vida nuestra mayor libertad. Al levantar la mirada y contemplar la cruz, se nos concede la posibilidad de liberarnos de nosotros mismos, de una visión demasiado encerrada en nuestros egoísmos; se nos da la gracia de experimentar lo que significa obedecer para probar en nuestra propia carne la misma experiencia de muerte y resurrección de Jesús, para que, misteriosamente, también a través de nosotros, ¡el mundo tenga vida!

Con la fiesta litúrgica de hoy, la Iglesia nos invita a acoger esta sabiduría divina que María vivió plenamente al pie de la cruz: el sufrimiento del mundo, locura y escándalo, se convierte, en la sangre de Cristo, en grito de amor y semilla de gloria para cada uno de nosotros.

En este domingo nos unimos a toda la Iglesia que, con ocasión de su 70º cumpleaños, desea al Papa León XIV la libertad y la alegría de servir a toda la Iglesia incluso en medio de las tribulaciones y sufrimientos de nuestro tiempo, con el deseo de que se sienta siempre amado y acompañado por el Buen Pastor fiel, el Señor Jesús, aquel que por amor se entregó a todos nosotros.

  • Laura Littamé
  • 13 Septiembre 2025
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