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Misioneras de María
XAVERIANAS

Podcast

Un Padre que escucha, una misión que nace de la oración


"No dejes de insistir, porque Dios te escucha como Padre"

En la primera lectura de este domingo, Abrahán se nos presenta como un intercesor audaz y confiado. Se atreve a hablarle a Dios con libertad, con el corazón lleno de compasión por una ciudad pecadora. No lo mueve el juicio, sino el deseo de salvación. Uno pensaría que Dios se molestaría con tanta insistencia… pero no: Dios escucha, dialoga, espera. Como un padre paciente que deja que su hijo le hable una y otra vez, Dios se deja tocar por la súplica de Abrahán.

Este pasaje nos muestra que orar no es repetir fórmulas vacías, sino atreverse a entrar en diálogo profundo con el Dios de la vida, que no se ofende por nuestras preguntas, sino que se conmueve con nuestro amor por los demás. La oración verdadera no es evasión, sino compromiso con el dolor del mundo.

En el Evangelio, los discípulos ven a Jesús orar… y les nace del alma: “Señor, enséñanos a orar”. No quieren teorías, quieren aprender a vivir esa intimidad que ven en Él. Jesús no les da una conferencia, les da su oración: el Padre Nuestro. Cada palabra es una revelación. Llamar a Dios “Padre” es decir que no estamos solos, que alguien nos cuida, que hay un amor que sostiene nuestra vida incluso en lo más oscuro.

Y luego, Jesús cuenta una parábola sencilla, cotidiana: un amigo que pide pan de madrugada y otro que, aunque ya está acostado, termina dándole lo que necesita. Con esto, Jesús nos enseña que Dios no se cansa de nosotros, que hay que pedir, buscar, llamar, con la certeza de que quien ama, siempre responde.

Jesús va más allá: “Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!” (Lc 11,13). Es decir, Dios no solo da cosas buenas, se da a sí mismo, nos regala su Espíritu, su fuerza, su presencia.

En este domingo celebramos con alegría el Jubileo de los Misioneros Digitales, y este Evangelio nos llega como una brújula luminosa. En medio de un mundo hiperconectado pero muchas veces vacío, Jesús nos recuerda lo esencial: todo misionero es primero un orante, alguien que ha aprendido a escuchar al Padre y a confiar en Él. No hay misión sin oración, no hay anuncio sin intimidad con Dios.

En las redes sociales, entre scrolls y likes, hay multitudes como las de Sodoma, necesitadas de intercesión, de una palabra de esperanza, de alguien que ore por ellas como Abrahán. Hay corazones cansados que no necesitan teorías, sino que alguien los mire con ternura y les diga: “no estás solo, el Padre te ama, ora con confianza, insiste con fe”.

Hoy más que nunca, necesitamos misioneros digitales que anuncien desde la experiencia, que compartan no solo contenido, sino consuelo, que sean reflejo de un Dios que escucha, responde y acompaña.

Preguntas para tocar la vida:

  • ¿Cómo es mi relación con Dios: de confianza o de miedo? ¿Me atrevo a hablarle con libertad, como Abrahán?
  • ¿Qué imagen tengo del Padre cuando rezo el Padre Nuestro?
  • ¿A qué personas, causas o situaciones me invita hoy el Señor a interceder con insistencia y fe?
  • ¿Uso mis redes y palabras para juzgar o para anunciar esperanza?

🙏 Oración final:

Padre bueno,

enséñanos a orar como Jesús,

a hablarte sin miedo,

a confiar en que Tú siempre escuchas.

Haznos intercesores como Abrahán,

capaces de poner el dolor del mundo en tus manos.

Haznos misioneros como Jesús,

que anunciemos tu amor en las calles, en los templos,

y también en las redes, con ternura y verdad.

Haznos digitales, sí,

pero sobre todo humanos y creyentes.

Amén.

  • Licha Santiesteban
  • 25 Julio 2025
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