Marta y María: un espejo para hoy
La tensión entre Marta y María refleja una experiencia humana y eclesial muy profunda: la del equilibrio entre acción y contemplación, entre servicio y escucha, entre hacer y ser.
En nuestro tiempo, la cultura del rendimiento y la eficiencia valora a las “Marta”: personas activas, disponibles, serviciales, prácticas. Sin embargo, corremos el riesgo de transformar incluso las cosas buenas —como el servicio o el apostolado— en una inquietud estéril, sin raíces en la Palabra.
También en nuestras comunidades eclesiales vemos esta tensión: programas pastorales intensos, agendas llenas, reuniones, eventos… Pero ¿cuánto espacio real tiene la escucha del Señor, la oración comunitaria, la formación bíblica seria?
Esta escena evangélica es un espejo para la Iglesia de hoy: ¿estamos realmente centrados en Cristo o distraídos por nuestras muchas ocupaciones?
Un texto en el camino del discipulado
Este pasaje forma parte del camino de Jesús hacia Jerusalén (Lc 9,51ss), un itinerario que Lucas utiliza para formar a los discípulos.
Jesús no solo “pasa” por la casa de Marta, sino que entra en ella. El verbo “recibirlo” (ὑπεδέξατο) conlleva el significado de hospitalidad, pero también una metáfora teológica: ¿cómo acogemos hoy al Señor?
Dos dimensiones del discipulado
María se sienta a los pies del Señor. Esta expresión es técnica en la tradición rabínica: sentarse a los pies de un maestro era el lugar del discípulo. María adopta una actitud de aprendizaje, disponibilidad, escucha profunda. En el contexto cultural judío es un gesto radical: una mujer se coloca en el rol de discípula, anticipando la inclusión del Reino.
Marta se afana. El verbo griego original (“περιεσπᾶτο”) indica agitación interior, dispersión. El problema no es el servicio en sí (que Jesús no condena), sino el tipo de servicio: uno que no nace del encuentro con Él, sino de una inquietud interior.
El juicio de Jesús no es una desvalorización del servicio, sino una nueva propuesta del discipulado. La “mejor parte” no es una competencia entre hermanas, sino una invitación: sin escucha no hay misión auténtica, sin contemplación el servicio se vuelve vacío.
Un texto en diálogo con otros
Este episodio no está aislado. En Lucas 8,21, Jesús ya había dicho: “Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.” María representa esta obediencia radical a la Palabra.
En continuidad con la parábola del Buen Samaritano (Lc 10,25-37, justo antes), el evangelista nos muestra el equilibrio del discipulado cristiano: el Samaritano actúa movido por la compasión; María escucha para luego vivir la Palabra. Ambos modelos son necesarios, pero la escucha precede a la acción.
Actuar
Volver a la centralidad de la Palabra. Como adultos en la fe, debemos cultivar un discipulado que no dependa solo del activismo. ¿Dedicamos tiempo real al silencio, a la oración, a la lectura orante de la Escritura?
Revisar nuestras prioridades pastorales. ¿La urgencia nos está haciendo olvidar lo esencial? En nuestras comunidades, ¿qué lugar tiene la formación bíblica y la vida espiritual en comparación con la organización?
Integrar la contemplación en la vida cotidiana. No se trata de dejar de servir, sino de servir desde otro lugar interior: desde la escucha, la presencia, la comunión con Cristo. El desafío es ser discípulos contemplativos en la acción, como el mismo Jesús.
Cuidar la calidad de nuestra hospitalidad. Marta recibe a Jesús, pero termina dándole órdenes. María lo acoge escuchándolo. ¿Cómo acogemos hoy a Cristo en nuestras casas, en nuestras comunidades, en nuestros corazones?
Conclusión
Este breve pero profundo pasaje evangélico nos recuerda que el corazón del discipulado es la escucha de Cristo. En una Iglesia que muchas veces se identifica con Marta, Jesús nos invita a redescubrir la parte de María: la sabiduría de detenernos, de escuchar, de dejarnos transformar por su Palabra.
Solo así podremos servir de manera fecunda. Solo así podremos caminar hacia Jerusalén con Él, no como esclavos de la agitación, sino como discípulos libres, profundamente enraizados en su presencia.
-
Enriqueta Ayala
-
19 Julio 2025
-
Visto 292 veces

