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Misioneras de María
XAVERIANAS

Podcast

Compasión que salva


La parábola nos alerta de un peligro: la indiferencia. El especialista en leyes que se acerca a Jesús para hacerle una pregunta, ¿quién es mi prójimo? no tiene buenas intenciones porque quiere ponerlo en apuros. Él se siente seguro en las leyes que conoce de memoria, pero no le interesa si favorecen la vida de los demás o no. No se importa en aplicar la misericordia, aunque en teoría haya llegado a una síntesis: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo.

El maestro de la ley ha aprendido en su síntesis, que esos son los elementos importantes, pero en realidad no le alcanza para conectar la misericordia a la vida concreta. Está interesado en saber quién es su prójimo, asunto importante para el judaísmo, para quienes el prójimo era un pariente o un paisano o, a lo máximo, un extranjero que adoptó la ley judía. Jesús le va a dar a entender a través de este ejemplo, al experto en leyes, cómo ser prójimo de los demás y que lo importante no es el querer saber, sino el saber hacer.

El meollo de la parábola no va a dejar dudas sobre lo que es compasión y misericordia. La persona que cayó en manos de los asaltantes es, con mucha posibilidad, un judío, víctima de los que se sienten con el derecho de apropiarse de lo ajeno, de la forma que sea. El hombre asaltado va a quedar al borde de la muerte tirado en el camino y uno se puede preguntar, ¿qué puede hacer la ley por esa persona? ¿qué se hace por aquellos que viven en condiciones de pobreza y necesidad? ¿y cómo proceder cuando la misma ley se hace perversa e injusta?

El primero que pasa por ahí es un sacerdote. Es el hombre instruido en la religión que vive preocupado por el culto perfecto, por el esmero del Templo, por su propia pureza para ejercer el culto. Todas esas ideas no lo disponen a acercarse y tocar un cuerpo impuro, manchado de sangre. Para él, Dios está atrancado en el Templo, “su Dios” está bajo las paredes de la construcción de piedra y en la belleza de sus adornos y ahí dentro está también su religión. Por eso, al ver al caído en la orilla del camino, “fuera de su territorio”, no le dice nada. Debe escoger entre las 2 posibilidades: seguir o pararse a ayudar…, pero sigue adelante.

La segunda persona que pasa cerca del malherido es un levita, un servidor del templo. También se maneja por el mismo concepto, se parece al primero, porque su territorio es el templo y lo que en él se vive. Tiene las mismas preocupaciones que debe resolver. Él también se hace a un lado porque para él es suficiente saber quién es el prójimo según la ley y no en acercarse para ayudar y socorrer a un hermano.

La tercera persona que pasa por el camino va a ser un samaritano. Lucas sabe que judíos y samaritanos no se quieren y eso hace que surja la curiosidad del relato para saber qué va a suceder. Para un judío, los samaritanos son herejes desde un punto de vista religioso. Desde el punto de vista de la raza es un impuro, y desde un enfoque social, es un enemigo que no merece compasión. El samaritano en cambio, no está apegado a un determinado código de leyes, sino que actúa desde un campo de mayor libertad, actúa más a partir de lo que siente y vive su corazón. Como marginado, sabe ser solidario y compadecerse de los que viven en situación semejante a la suya. Lucas hace resaltar que al llegar cerca del herido y viendo la situación en que se encontraba, sintió compasión.

El significado original de la frase “sintió compasión” proviene del griego y eso se atribuye sólo a Dios, pero en Lucas se aplica también a quien está dentro del ámbito de Dios. compadecerse es, por tanto, hacer las acciones de Dios. Es un gesto divino mostrado en obras, superando los conceptos y prejuicios establecidos y dar la mano solidaria al que lo necesita. El samaritano sintió en la piel el sufrimiento del herido, se acerca, se hace “próximo=prójimo”. El samaritano, considerado impuro y enemigo del judío, realiza verdaderamente una acción religiosa perfecta. En cambio aquí, los hombres de la religión, no salen de sus meros conceptos y teorías.

El samaritano no quería saber quién es su prójimo, sino que, en ese momento, su intención fue poner a disposición lo que tenía para resolver el dolor ajeno. Él obedeció a la ley que todo ser humano lleva grabada en el corazón en favor de la vida. Por su misericordia, su “peor enemigo” recuperó la vida, la salud. No fue en el culto del Templo, en los ritos, que el samaritano encontró a Dios, sino en el hermano que está al borde de la muerte, en el altar de la misericordia.

El mensaje de la parábola nos deja como tres tentativas de vivir la religión: 

  • La del especialista en leyes que lanzó la pregunta inicial. Él piensa filtrar la religión a través de lo que está escrito y cumplirla. A su pregunta, ¿eso hace parte o no hace parte de la religión? Era una pregunta que estaba en boga entre los estudiosos de la ley judía y quiere una respuesta: A éste, la parábola le responde: ve y haz lo mismo.
  • El levita cree manifestar su fe en el recinto del templo por la perfección del culto. En cambio, la enseñanza que Jesús muestra es que Dios abandonó el templo y los cultos vacíos porque no están interesados en identificarse con la realidad del ser humano.
  • El samaritano, en cambio, ve a su prójimo en aquel que se consideraba enemigo y se hace solidario con el. Ahí encontró a Dios y la verdadera religión.

La parábola nos deja como enseñanza que lo ideal sería que los que conocían la ley también la hubieran llevado a la práctica. Asimismo, la participación en el culto, será grato a los ojos de Dios cuando va acompañado de la práctica del amor y la justicia. Ante estos elementos importantes, Lucas nos da a entender que tiene prioridad la misericordia puesta en práctica

La enseñanza de Jesús resume en sí la actitud que los discípulos deben aprender: la acción y el culto son inseparables. Un culto sin acciones es un rito que le falta algo, en cambio, una acción con amor y misericordia se transforma en el culto agradable a Dios.

  • Gerardo Custodio
  • 12 Julio 2025
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