Al igual que Mateo, y quizá tomando de una fuente común, Lucas desarrolla el discurso sintético sobre las tentaciones que aparece en el evangelio de Marcos. Al detallarlas de esta manera, pone ante nuestros ojos no solo al hombre Jesús, sino al ser humano de todos los tiempos, a nosotros mismos.
Satisfacer los propios deseos, poseer, acumular, dominar, si es posible, el mundo entero e incluso el corazón de la humanidad, llenándolo de asombro y admiración… es el sueño oculto de todo ser humano, que cada uno intenta realizar en la medida en que le es permitido, sin dejar de soñar con más.
Existen sociedades construidas sobre la necesidad de ser los primeros, donde los segundos ya sufren y los demás comienzan a sentirse fracasados. La casa más hermosa, el teléfono más nuevo, el auto más prestigioso, las mejores calificaciones, los viajes más exclusivos… Admiramos a quienes pueden alcanzarlo y, si seguimos en la carrera, intentamos también ganar espacio.
Hoy esta carrera se ha trasladado al ámbito de los estados: terminado el sueño de una mundialización de países hermanos, cada nación quiere ser la primera, contar en las guerras y en los tratados de paz. Las llamadas grandes potencias encabezan este juego, entonando en todos los tonos el himno del “primero nosotros” que, en realidad, significa “solo nosotros”. Mientras tanto, la protección de la casa común pasa a un segundo plano, la solidaridad se orienta a sostener guerras y rearmarse, y la justicia puede esperar frente a los intereses económicos.
Jesús, hombre como nosotros, experimentó el atractivo del mundo: este es el mensaje escandaloso de este pasaje. Como ser humano, sintió la atracción de los bienes materiales, de la satisfacción personal, del poder, del prestigio. Respondió con la única arma posible: la disciplina de sí mismo y la palabra de su Dios. Y cuando el Maligno intentó usar esa misma Palabra para convencerlo —«pues está escrito: “Dará órdenes a sus ángeles sobre ti para que te cuiden”»—, Jesús supo ir a su sentido más profundo de fidelidad al Padre.
El pueblo de Israel, en sus cuarenta años en el desierto, experimentó la infidelidad. Jesús, el hombre nuevo, se convierte en el guía de un pueblo al que transmite la fuerza de su sí al querer del Padre, para construir un mundo que sea Reino. La Cuaresma es tomar este camino detrás de Él con mayor decisión, aprendiendo de quienes, con discreción, ya lo están recorriendo y son signo de esperanza.
Son muchos. No buscan ser los primeros, se dejan tocar por la compasión hacia el prójimo y el amor de Dios, entregan sus días y su vida sin hacer cálculos. Vidas sencillas, vidas desperdiciadas a los ojos del mundo, vidas que contienen la fuerza siempre viva del Evangelio, sacramentos vivientes de aquel Jesús que, con su entrega, rasgó el cielo gris de las vidas vividas por interés.
Para volver a situarnos en su seguimiento, aquí está la Cuaresma: un tiempo en el que, mediante la oración, fortalecer más nuestro vínculo con Dios y así, con nueva energía, «caminar juntos en la esperanza», como invita el mensaje del Papa. El mundo necesita urgentemente hombres y mujeres así.
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Licha Santiesteban
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08 Marzo 2025
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