Jesús, con su mensaje y su estilo de vida, vino a proponer una nueva forma de relacionarse con los demás, dando origen a un modo de vivir diferente al que encontró en su tiempo. Sin embargo, no quiere hacer este trabajo solo; pide la colaboración de otras personas y, retomando el tema del domingo pasado, "Dios llama..." a seguir su programa de vida.
A diferencia de Mateo, que sitúa el discurso en la montaña (cercanía de Dios), Lucas ubica este programa en una llanura (en un contexto de gente que vive de la tierra y es víctima del latifundio). Jesús se dirige a estos pequeños que esperan un cambio y que representan la situación de la mayoría de la población.
"Alzando los ojos hacia sus discípulos..." es decir, mirando la realidad de aquellos que sufren, lloran y tienen hambre, les anuncia la Buena Noticia de que el Reino está cerca. Lucas menciona a una multitud de personas que vienen del sur del país, de Judea, y del norte, de Tiro y Sidón, tierra extranjera; con esta descripción quiere representar a todas las naciones y razas, como un signo de que la Buena Noticia del Reino está destinada a todos los tiempos y lugares.
Lucas resume las bienaventuranzas en cuatro: "Bienaventurados ustedes, los pobres... los que tienen hambre... los que ahora lloran... cuando los odien..."
- Pobreza: Es una situación contraria al deseo de Dios, porque normalmente es fruto de la injusticia en algún eslabón de la cadena. La pobreza inevitablemente conduce al hambre.
- Hambre: La falta de alimento deshumaniza al ser humano, y la instauración del Reino debería reducir las condiciones precarias de quienes no tienen qué comer. La justicia resalta las oportunidades que permiten a los trabajadores salir del hambre y la miseria. Nadie debería enriquecerse a costa del hambre del prójimo.
- Lágrimas: Son símbolo de impotencia ante una realidad cruel —el sistema— que no puede ser superada ni siquiera con buena voluntad.
- Persecución: Es la tragedia de aquellos que luchan honestamente por los derechos que les son negados por la corrupción del poder y del dinero. Es el precio que se paga.
El pueblo esperaba el inicio de una historia mejor con la llegada del Mesías. Este pueblo era pobre, tenía hambre y lloraba por su situación. Para ellos vendrán tiempos de abundancia, porque en la construcción de este nuevo modelo de vida, todos participan.
El Evangelio también habla a los ricos, a los que están saciados y ríen. ¿Por qué ríen? ¿Por qué son tan felices? ¿Por qué algunos tienen todo y otros nada?
En aquel tiempo, los líderes habían hecho creer al pueblo que la riqueza era signo de bendición y la pobreza de maldición. Sin embargo, Jesús viene a poner en evidencia lo que ya decía la Escritura: las relaciones sociales estaban corrompidas por el deseo desmedido de tener cada vez más. La solidaridad había desaparecido, los ricos acumulaban sin medida a costa de la explotación de los débiles. Los más adinerados se habían enriquecido con lo que no habían compartido ni distribuido justamente, y estaban alegres, reían porque vivían sin preocuparse por el futuro.
Lucas dice: "¡Ay de ustedes...!", un signo de sufrimiento y advertencia para quienes actúan con maldad e injusticia, para quienes ponen todo su interés en las posesiones, el consumo y el placer, siendo indiferentes al sufrimiento de quienes claman por igualdad de oportunidades.
Es a este tipo de sociedad a la que Jesús sugiere un cambio, porque va en contra de la voluntad de Dios. Algunos ríen y otros lloran. Dios no quiere una historia anómala, injusta y violenta, así como ningún padre de familia la desearía para su hogar. La vida del necesitado no puede depender siempre de la limosna del otro. Para Jesús, es necesario romper esa cadena, convertida en sistema, que solo genera conflictos. Él propone un nuevo estilo de vida, pero al construirlo se enfrentará a los intereses de quienes monopolizan, de aquellos acostumbrados a quedarse con la mejor parte, de quienes buscan beneficio en todo.
Las nuevas propuestas de cambio son rechazadas, al igual que quienes las defienden, porque serán insultados, maldecidos y expulsados. Jesús lo experimentó primero en la sinagoga de su ciudad: fue rechazado por aquellos que no querían cambios. Jesús dice a su pueblo que esto sucede porque está en el camino correcto, el camino de los profetas. Esto se repite en todas las épocas y sociedades. Jesús advierte a sus discípulos, porque también ellos pueden ser "comprados" con beneficios personales que los mantengan callados y los hagan renunciar a anunciar la radicalidad de la Palabra de Jesús.
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Geraldo Custodio
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17 Febrero 2025
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