Skip to main content

Misioneras de María
XAVERIANAS

Podcast

Y este fue el inicio de los signos


Estamos en la semana inaugural del ministerio de Jesús. Juan narra con detalle las características de los dos primeros días, destacando el testimonio de Juan Bautista y la búsqueda de los primeros discípulos, quienes, al reconocer al Cordero de Dios señalado por el Bautista, lo siguen sin dudar. Poco a poco, el descubrimiento se vuelve más interesante, y los discípulos pronto reconocen en Jesús al Mesías esperado por siglos: el Cristo de Dios, el Maestro, el Hijo de José de Nazaret, el Hijo de Dios y el Rey de Israel (cfr. Jn 1,19-51).

El tercer día, Jesús, invitado a las bodas de Caná, acude junto con estos primeros discípulos. Se trata de una boda, una fiesta normalmente llena de alegría, música, danza y calor familiar. Todos se alegran por los novios. Sin embargo, notamos un detalle particular: María no fue invitada como todos los demás, sino que ya estaba allí presente. Probablemente formaba parte del grupo de mujeres encargadas de la cocina y del servicio a los invitados, junto a los hombres responsables de la bebida, el vino. María estaba plenamente involucrada y conocía bien lo que se había previsto para la celebración. Por eso, se da cuenta de que el vino se ha acabado. ¡No queda reserva!

Este no es un problema menor, ya que pone en riesgo la alegría de la fiesta. María, atenta a la situación, se preocupa por el éxito del evento; desea que no falte la alegría para nadie, especialmente porque, en realidad, el verdadero esposo está todavía allí, en medio de ellos (cfr. Mc 2,19).

María desempeña un papel importantísimo. No solo por ser una observadora atenta de lo que sucede, sino porque participa plenamente en la fiesta, convirtiéndose ella misma en un canal de la alegría que estaba a punto de faltar a los novios y a sus invitados. Es ella quien primero se da cuenta de la falta de vino y se convierte en la portavoz de los novios al interceder ante su Hijo: “No tienen vino”. Palabras sobrias que no expresan una petición explícita, pero que están cargadas de significado y confianza.

Aquí María demuestra una gran sabiduría. Sabe bien de qué está hecho este Hijo suyo, concebido de manera misteriosa en su tiempo. Cree firmemente en sus dones divinos y en su poder, incluso antes de ver una manifestación cualquiera. ¡Qué sintonía y conexión entre estas dos almas! La actitud de María, sin duda, es una inspiración divina. No duda ni por un instante de su Hijo. Con esta convicción, María puede decir a los sirvientes: “Hagan todo lo que él les diga”.

Solo María podía entender el misterio que la unía a su Hijo y quién era realmente este Hijo tan “extraño” a los ojos de muchos, quien, en ese momento, parece rechazar la petición de su madre frente a todos, considerándola inoportuna: “Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Aún no ha llegado mi hora”.

Sin embargo, María todavía escucha resonar en su corazón las palabras del ángel: “Él será santo y será llamado Hijo de Dios… ¡nada es imposible para Dios!”. Rica de esta experiencia, impulsa a su Hijo a manifestar la gloria que lleva dentro. Esta confianza tan profunda desarma a Jesús, quien cede ante la súplica de su madre: “Llenen de agua las tinajas”.

Para todos los que estaban allí, se trataba simplemente de realizar un gesto común, pero esas palabras ya contenían el vino nuevo, el don de Jesús para todos los presentes en la fiesta. Y este fue el inicio de los signos con los cuales Jesús manifestó su gloria, y María, su madre, fue testigo ocular.

Estos signos, llamados en otros lugares “obras” de Jesús, no tienen un fin en sí mismos, sino que buscan manifestar la gloria de Dios. Por analogía, nuestra misión como cristianos es la de continuar siendo signos elocuentes y manifestaciones vivas de Dios y de su gloria en este mundo, porque somos “obras” de sus manos.

Esto también significa saber poner nuestros dones personales al servicio de quienes tienen menos o de quienes se encuentran en dificultad. Que la Virgen, siempre atenta a nuestras necesidades más profundas, nos tome de la mano y nos enseñe a confiar en Dios en cada instante de nuestra vida.

  • Francine Kikumi Bisimwa
  • 17 Enero 2025
  • Visto 325 veces