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Misioneras de María
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Podcast

El bautismo de Jesús


Jesús dejó Galilea para ser bautizado por Juan Bautista en el río Jordán. No tenía necesidad de ser bautizado, ya que no tenía pecado alguno.

Si el bautismo de Juan era un bautismo de purificación, surge la pregunta: ¿por qué Jesús, siendo sin pecado, realiza este gesto?

Juan, por su parte, reconoce que Jesús es el Mesías. Él mismo declaró a todos: "Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo. No soy digno de desatar la correa de sus sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego."

Mientras todo el pueblo se hacía bautizar, Jesús también recibió el bautismo. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, y el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma visible, como una paloma. Y desde el cielo vino una voz: "Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco."

El hecho es que Jesús se acerca al bautismo no por su propia salvación, sino por la salvación de toda la humanidad, una humanidad que lleva consigo muchos pecados.

Con este gesto, Jesús se entrega completamente, entrando en el camino de su vocación como Mesías, el Enviado de Dios. Este camino lo llevará a la muerte y a la resurrección. Con el bautismo comienza la vida pública de Jesús, y su bautismo debe ser visto en el contexto de toda su vida y misión.

Y nosotros, pueblo bautizado y por ello llamado cristiano, ¿qué significa este gesto en relación con nuestro propio bautismo? ¿Estamos viviendo nuestra vida y misión como bautizados?

Nuestro bautismo tampoco puede ser visto como un evento aislado en nuestra vida, como un paréntesis, un día de fiesta familiar o un día cualquiera. Nuestro bautismo debe ser considerado y vivido como parte integrante de nuestra vida y vocación personal, reflejándose en nuestra respuesta diaria al proyecto de Dios y realizándose en nuestra vida de oración y comunión con Él.

Debemos hacernos siempre estas preguntas: ¿qué has hecho con tu bautismo? ¿Qué estás haciendo con tu bautismo? ¿Cuál es tu experiencia bautismal en la familia, en la escuela, en el trabajo, en la sociedad?

¿Cuántas personas bautizadas conocemos que están siempre en la iglesia, participan en la misa, pero en la vida cotidiana siembran odio, violencia, maldad hacia sus hermanos, y se oponen a todos los proyectos de justicia para el prójimo?

Nosotros, pueblo cristiano, estamos llamados a ser profetas, a ser luz. Ser bautizados no es un premio, no es un diploma, sino que significa seguir el mismo camino de entrega y amor de Cristo.

También nosotros hemos recibido la adopción como hijos e hijas de Dios: "Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco." También nosotros somos llamados y enviados por el Padre.

La fiesta del Bautismo de Jesús nos invita a reflexionar sobre nuestro bautismo y sobre nuestro compromiso cristiano, nos invita a renovar nuestro seguimiento a Cristo.

Cristo entrega su vida hasta el final, nos ama sin medida:

"Tú eres mi hijo, mi hija amada." Somos hermanos y hermanas de Jesucristo; el mismo Espíritu que está en Jesús habita también en nuestros corazones: esta es la gracia del bautismo.

Que Cristo mismo nos ayude a responder fielmente a nuestra vocación bautismal y que nuestra vida esté orientada al amor, la justicia, la verdad y la paz.

Estamos en este mundo como profetas, llamados a ser luz.

  • Rosangela Dos Santos
  • 10 Enero 2025
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