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Epifanía: una luz para todos los pueblos


La fiesta de la Epifanía nos invita a reflexionar sobre un mensaje fundamental: Dios no pertenece a un solo pueblo, cultura o religión. Al contrario, la Buena Noticia que nos trae está destinada a todos los pueblos, sin distinción alguna.

Hay un dicho italiano que dice: “La Epifanía se lleva todas las fiestas.” Pero esta celebración no es solo el cierre del tiempo de Navidad; es la fiesta de la revelación universal de Dios. Para nosotros, los católicos, esto tiene un significado aún mayor, ya que la palabra “católico” significa precisamente eso: universal, abierto a todos.

En el Evangelio de la Epifanía encontramos la figura de Herodes, un rey que representa a quienes utilizan la religión para sus propios intereses. Aún hoy vemos muchos políticos y líderes que usan la fe solo para obtener apoyo. Cuando la religión se convierte en un instrumento de poder, pierde su autenticidad. Dios no puede ser manipulado según los deseos y ambiciones humanas.

No podemos celebrar esta fiesta sin mirar el mundo que nos rodea. Vivimos en un tiempo marcado por guerras, sufrimientos e injusticias. Algunos eventos nos desaniman, y corremos el riesgo de pensar que todo esto es “normal” o inevitable. Pero aceptar pasivamente la violencia y la injusticia significa perder la esperanza.

El genocidio en Palestina, la guerra entre Rusia y Ucrania, la crisis en Sudán, Yemen, Congo, Mozambique, y tantos otros conflictos olvidados, nos recuerdan que muchas personas no pueden sentir esta Buena Noticia porque están sumergidas en el sufrimiento y el dolor. ¿Cómo podemos decirles que Dios está cerca? ¿Que Dios los ama y no los ha abandonado?

La respuesta nos la dan los Magos que menciona el Evangelio. Ellos son un ejemplo de esperanza y valentía: supieron reconocer los signos de una nueva luz y decidieron emprender el camino para seguirla. Dejaron todo para buscar la verdad y comprobar con sus propios ojos si esa luz era real.

También nosotros estamos llamados a hacer lo mismo: buscar los signos de esperanza incluso en los momentos más oscuros, ponernos en camino aun cuando la ruta parezca incierta, y llevar la luz de Dios a quienes están sufriendo, con nuestras acciones y nuestra oración.

La fiesta de la Epifanía nos recuerda que la luz de Dios no conoce fronteras. Está destinada a todos, incluso a quienes parecen lejanos o perdidos. El mundo de hoy necesita esta luz más que nunca: una luz que traiga paz, amor y justicia.

No podemos permanecer inmóviles o resignados ante las injusticias. Como los Magos, debemos movernos, seguir la luz y convertirnos en portadores de esperanza.

En un tiempo de miedo e incertidumbre, nuestra oración y nuestro compromiso pueden convertirse en un signo concreto de esta Buena Noticia: Dios está cerca de todos, siempre. Y eso es la Epifanía: la revelación de un Dios que ama a cada pueblo, cada cultura y cada persona.

  • Pietro Rosini
  • 03 Enero 2025
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