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Misioneras de María
XAVERIANAS

Podcast

Descansen un poco


Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado: después de un tiempo de misión, los discípulos regresan y le cuentan a Jesús lo que han vivido. Jesús, con su manera amorosa, escucha atentamente lo que cuentan.

"Venid solos a un lugar desierto y descansad un poco": este pasaje nos muestra que tanto los discípulos como los misioneros de hoy no son personas extraordinarias, y necesitan tiempo de descanso para recuperar las fuerzas. Jesús se preocupa por las personas que lo siguen y quiere alejarlas de las multitudes, invitándolas a un lugar desierto. El tiempo de reposo de la misión es necesario e indispensable, porque también es un tiempo de reflexión y de restaurar las fuerzas. Tiempo para entrar en el desierto de nuestro corazón y reflexionar sobre nuestra acción misionera, tiempo de silencio, para revisar el camino y orientar los pasos del seguimiento.

Ellos se fueron solos, en barca, a un lugar desierto y apartado: el desierto no es solo un lugar de delicias y oasis, el desierto nos lleva al encuentro con nosotros mismos, con lo más profundo de nuestro ser. El desierto es éxodo y nos lleva al encuentro con la vida y la libertad. Es en el desierto, en la intimidad con Cristo, que la soledad propicia, que encontramos el sentido de nuestro actuar misionero y de nuestro ser. Para los misioneros y discípulos de Cristo, el desierto debe ser el puerto seguro, pero la multitud corre también allí porque tienen hambre del encuentro con Cristo y su Palabra.

Muchos corrieron a pie y llegaron allí antes que ellos: el pueblo tiene hambre y sed de la Palabra de Dios, anhelan escuchar a Jesús y a sus discípulos y estar con ellos, por eso corren y llegan primero. Si los discípulos y misioneros no son capaces de llenarse de las cosas de lo alto, ¿cómo podrán alimentar a esta multitud hambrienta de Dios?

Muchas veces nosotros, misioneros y discípulos del Maestro, nos sentimos superhéroes y dueños de la misión, no buscamos descansar y estar con Jesús, no tenemos tiempo de silencio y menos aún de retirarnos al desierto; en ese caso, la acción misionera es vacía y sin Dios. Anunciamos a nosotros mismos, pero el Espíritu de Dios no opera, no libera, no cura y no sacia. Para entrar en empatía con los sufrimientos y deseos de la multitud, tenemos que estar llenos de Dios.

Jesús vio una numerosa multitud y tuvo compasión: Jesús mira a las personas con una mirada compasiva, no siente lástima ni pena por la multitud, sino que entra en sintonía con el sufrimiento de las personas. Había mucha gente, el texto habla de una multitud, y aun así Jesús destaca su compasión por cada persona en particular, sufre con ellas, porque era un pueblo sufrido, rechazado y despreciado por los jefes político-religiosos.

Seguramente lo que atraía a esta multitud no era la doctrina ni los milagros que operaban, lo que atraía a la multitud era el hecho de que JESÚS irradiaba compasión. Literalmente, sufría con el pueblo, entra en empatía con los que sufren y eso se transformaba en una solidaridad afectiva y efectiva.

Estas características de Jesús desafían a los misioneros y cristianos de hoy. Muchas veces somos burócratas de lo Sagrado, empleados de la Iglesia o de una institución, realizamos muchas obras, hacemos muchos trabajos, pero falta irradiar compasión por la multitud que nos rodea y nos busca.

"Porque eran como ovejas sin pastor, comenzó, pues, a enseñarles muchas cosas": En nuestros días, donde encontramos cientos de movimientos, grupos, pastorales y diversidad de carismas y dones, la multitud sigue teniendo sed y hambre de la Palabra. Tenemos que preguntarnos por qué. Jesús enseña al pueblo, transmite la Palabra y los prepara para el reparto del pan.

El texto nos invita a revisar nuestro actuar misionero, nuestro actuar cristiano y nuestro discipulado. Somos invitados a ser comunidades cristianas donde el centro de nuestro actuar, sentir y hablar sea el propio Cristo. Como dice el Papa Francisco, no somos una ONG y no somos una simple institución caritativa, el anuncio del Evangelio va más allá de las acciones humanas.

El Evangelio nos enseña que, para ser pastores como Cristo, debemos ser personas de oración, personas que saben tener tiempo de descanso para recuperar las fuerzas y contar las maravillas realizadas en la misión. Debemos ser personas que amen el silencio, para estar con Dios y permitir que el Espíritu Santo realice maravillas en nuestro ser y en nuestra acción misionera.

  • Rosangela Dos Santos
  • 19 Julio 2024
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