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Misioneras de María
XAVERIANAS

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Jesus calma la tormenta


35 Aquel mismo día, al anochecer, les dijo: «Crucemos al otro lado». 36 Y dejando a la multitud, lo llevaron con ellos en la barca, tal como estaba. También había otras barcas con él. 37 De repente, se desató una gran tormenta de viento, y las olas se echaban sobre la barca, tanto que ya se llenaba. 38 Él estaba en la popa, durmiendo sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: «Maestro, ¿no te importa que muramos?». 39 Él se levantó, reprendió al viento y dijo al mar: «¡Silencio! ¡Cálmate!». El viento se calmó y sobrevino una gran calma. 40 Entonces les dijo: «¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?». 41 Ellos estaban aterrados y se decían unos a otros: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?». Marcos 4:35-41

Quisiera acercarme a este pasaje partiendo de una obra artística titulada "Jesús calma la tormenta" de Gerardo Dottori de 1957, quien entre los futuristas también exploró el arte sacro. El pensamiento futurista está proyectado al futuro con un optimismo totalmente tecnológico e industrial, y la confianza en el arte de Dottori parece depositarse en una fuerza intrínseca en la humanidad, en su acción, que parece conciliarse con la divina. Su "aeropintura" busca captar las diferentes facetas de la realidad desde arriba, gracias a una modernidad en desarrollo, que cambia la perspectiva de las cosas terrenales porque se ven desde el cielo, desde los primeros aviones, casi en un impulso contemplativo.

En realidad, hoy más que nunca se conocen los desequilibrios causados por la modernidad, que la criatura con su sed de poder ha provocado en la creación, considerando las devastaciones naturales y humanas, las guerras aún demasiado actuales, los temores por el futuro tecnológico (como la inteligencia artificial). Ya no puede haber un optimismo futurista ciego basado exclusivamente en el progreso humano, en armonía con Dios y la naturaleza. Pero tampoco el desaliento, la desconfianza y el miedo al futuro. Es aquí donde el pasaje de hoy nos devuelve la perspectiva correcta de la mirada desde arriba dentro de la tormenta.

Mientras tanto, esta imagen parece enfocar la escena, como en un ojo. Me hace pensar que quien está en la "popa" de esa barca a merced de las olas, en el lugar más peligroso (porque es el primero que podría hundirse), aunque esté durmiendo me ve. Jesús está justo allí, sereno y tranquilo, porque confía en el Padre, en el devenir imparable de su proyecto de amor. Es de noche, y deja que Dios actúe, incluso a través del sueño, símbolo de la muerte. Nada podrá interrumpir la obra del Padre en el Hijo, a favor de la humanidad, ni siquiera el odio y la muerte… duerma o vele, esa semilla dará fruto. Aquí se funda el optimismo cristiano. Nosotros, como los discípulos, ante el mar en tempestad, gritamos y nos agitamos asustados, pero el Señor duerme en nuestra barca: ¡también confía en nosotros, en nuestra colaboración creadora! Su aparente inacción es la máxima acción en nuestro favor, para dar espacio a nuestras potencialidades, pero también para estar con nosotros en nuestras impotencias, fragilidades e incluso en nuestro pecado.

Pero no entendemos y preguntamos: "¿No te importa que muramos?". Es la pregunta que más desgarra y hiere el corazón de los creyentes, y es el desafío lanzado por los no creyentes ante el mal en el mundo. Habrá conmocionado también a Jesús, porque a Él le importamos más que a sí mismo, y nos deja un mensaje seguro: Él escucha nuestra oración, y lo hace calmando el viento y el mar. Pero ¿cómo los calma? Los exorciza, como si ordenara a un espíritu maligno que habita en ellos: reprende al viento y cierra la boca al mar. Las tormentas en nuestra vida volverán, son inevitables, no debemos temerlas, pero en ellas se agazapa el enemigo que quiere infundir desesperación y desconfianza. Jesús se ocupa directamente de nosotros, nos libera, venciendo el mal del miedo y del desaliento.

Además, en esa pregunta hay una oración coral, una comunidad, que sabe ver también el dolor de quien está al lado. Nosotros, en cambio, a menudo nos defendemos tomando distancia de los más débiles y de nuestra propia debilidad, buscando siempre el arma de la fuerza como solución a todo tipo de conflictos… pero no nos damos cuenta de que luchando con la violencia nos hacemos aún más daño, causamos daños cada vez mayores, y que nunca podremos salvarnos solos.

¿Y las otras barcas que estaban con él? Todos debemos atravesar con Él el mismo mar en tempestad, creyentes y no creyentes. La diferencia es que nosotros estamos conociendo quién es este, al que incluso el viento y el mar obedecen, que duerme con nosotros sin temer la debilidad, y sin abandonar entre las olas a nadie.

  • Antonella Del Grosso
  • 23 Junio 2024
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