Este domingo, Jesús para hablarnos del amor utiliza una imagen: la AMISTAD, que es mucho más que un mero sentimiento, es una fuerza concreta de querer y hacer el bien del otro. Incluye la generosidad, el sacrificio, la paciencia y el perdón, así como la comunión expresada en el compartir y la solidaridad.
¿Qué significa sentirse amado por amigos y no por siervos? ¿Quién es el amigo?
El amigo es movido por la gratuidad. No sigue horarios laborales, sorprende, llega cuando puede y se siente libre de llamar en caso de necesidad. El amigo anhela el encuentro y no hace sentir "en deuda de...": acepta el regalo cuando y cuanto puede ser ofrecido.
La amistad se construye en las pequeñas cosas y florece a partir de pasiones e intereses comunes. Tanto es así que al final se termina pareciendo. Se aprecia al otro por lo que es. Por ello, en la amistad aprendemos cosas sobre nosotros mismos y conocemos mejor al amigo.
Las amistades no son iguales entre sí porque las personas con las que nos relacionamos son diferentes. Incluso Jesús elige como apóstoles a individuos muy diversos, estableciendo con cada uno de ellos una relación personal, calibrada sobre la singularidad de cada uno. Las amistades también difieren espacialmente según las distancias y los límites que establecemos. Se necesita mucha sensibilidad para percibir estos detalles que en algunas circunstancias marcan la diferencia y pueden ser obstáculos, aunque nunca insuperables, cuando la amistad es verdadera.
Por otro lado, hay muchas relaciones que se asemejan más a la esclavitud y se disfrazan bajo el signo del amor: hay quienes las viven como siervos y quienes como amos. Por lo general, se eligen mutuamente.
Hay quienes creen que para mantener una relación es necesario adaptarse, complacer al amo, como siervo. Viven en la inseguridad, buscando estima y afecto, temiendo no ser dignos de ellos. Por eso temen ser despedidos y abandonados. El siervo teme perder incluso las migajas del amo.
A aquel que adopta esta actitud corresponde aquel que como amo considera que nunca se equivoca y no quiere comprender las razones de los demás. Para relacionarse con él es necesario cumplir con sus reglas, sus horarios y ciertos modos, de lo contrario... se aplican sanciones y sutiles chantajes.
En estas relaciones "tóxicas", las personas se utilizan mutuamente.
Jesús viene ante todo a liberarnos del riesgo de vivir la relación con Dios como una relación amo-siervo. Él nos pide que nos pongamos como amigos y que nos amemos COMO él nos ha amado. Nos propone vivir de esta manera también entre nosotros. De hecho, él mismo realiza el gesto de lavar los pies y hace la petición explícita a los discípulos de hacer lo mismo. Jesús nos transmite de esta manera el mensaje profundo que es una invitación al don de la vida para que otros tengan vida.
Es esta forma de amarnos mutuamente la base y el fundamento del anuncio del Evangelio, que, antes de ser proclamado con palabras, es ante todo vivido y testimoniado. Nosotros que vivimos de la amistad con el Señor, estamos llamados a hacernos amigos, caminar juntos y evangelizar con nuestras relaciones. De esta manera, la amistad puede convertirse en espacio de misión y lugar donde vivirla.
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Elena Conforto
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03 May 2024
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