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Misioneras de María
XAVERIANAS

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Yo soy el buen pastor


El capítulo 10 de Juan describe la fiesta de la Dedicación del Templo. ¿En qué consistía esta fiesta? Cuando regresaron del exilio de Babilonia (537 aC), Judas Macabeo, líder del pueblo israelita quiso celebrar la ocasión para agradecer la ansiada libertad. Para la fiesta, se leía el cap. 34 del libro de Ezequiel que sirve de fondo a este capítulo 10 de Juan, que es una fuerte crítica a las autoridades político-religiosas que buscaban favorecerse de su cargo. (Ver: Ez 34 en la 3ª página).

Un ejemplo de ello es la escena cuando Jesús al llegar al templo, agarra un chicote y saca a los vendedores del templo, ¿por qué? Era una “mafia” que se aprovechaba del culto y de los ritos creados para manipular más la ignorancia de la gente, haciéndoles creer que con el puro rito atraían a Dios.

Jesús es el buen pastor que conduce a las ovejas, como Dios lo hizo con el Pueblo de Israel, va a guiar a las ovejas a una tierra segura donde encontrarán pastos abundantes. Jesús es el camino que lleva a donde hay vida en plenitud. Es a ese estado de vida que Jesús quiere llevar a su pueblo. ¡Basta ya de tanta mentira y ver por los propios proyectos! En este texto se ve la clara diferencia entre Jesús pastor y los líderes mercenarios, que son todos ladrones y asaltantes. Es una frase muy fuerte, pero así los llama Jesús. ¿Por qué eso?

Los mercenarios o asalariados son personas que no se interesan del bien ajeno, están para ver qué alcanzan y qué agarran. Para salirse con la suya, son capaces de cualquier cosa: mentir, robar, engañar etc. Son lobos que se disfrazan cuando les conviene, pero tarde o temprano muestran el “diente”. Quien no ama hasta defender y “dar la vida por las ovejas”, no puede ser pastor de su pueblo. Ante el peligro, el mercenario corre y abandona su encargo, por lo que nunca debería ser pastor, ni las ovejas tendrían porqué seguirlo, ya que bajo engaños y migajas las lleva a la ruina.

Delante de la imagen de Jesús buen pastor, que nos invita a poner lo mejor de uno: o nos ponemos al servicio del rebaño con todo lo que implica o nos volvemos mercenarios que solo buscan la oportunidad de beneficiar a sí mismo y a su grupo, aun a costa de quitarle a la gente más necesitada.

Además, Jesús tiene en mente horizontes más amplios y a otras ovejas: tengo otras ovejas que no son de este redil. También a ellas las debo conducir... y habrá un solo rebaño y un solo pastor. Es fundamental conocer la voz del Maestro para no ir atrás de otras voces. Yo las conozco y ellas me conocen a Mí. Juan presenta un elemento importantísimo: conocer a Jesús. No es un conocimiento teórico sino experiencia de vida. 

El texto de hoy se completa en la parábola de la oveja perdida. El buen pastor que deja las 99 y va en busca de una que se perdió. ¿Puede Dios sentir a los «perdidos» como algo suyo? ¿No es demasiado arriesgado abandonar al rebaño para buscar a las perdidas? ¿No es más importante cuidar las buenas que perder el tiempo con recaudadores y prostitutas, gente al fin y al cabo indeseable y pecadora? ¿Será cierto que Dios los busca apasionadamente porque no da a nadie por perdido? La oveja que anda perdida no hace nada por volver al redil. Es el pastor quien la busca y la recupera. ¿Es que Dios busca a los pecadores solo porque los quiere, incluso antes de que den signos de arrepentimiento? Todo esto ¿no es demasiado? Para el que ama, no. Esa es la misericordia de Dios. Habrá que aprender a compartir en la alegría y celebrarlo como lo hace Jesús comiendo con ellos.

  • Gerardo Custodio sx
  • 19 Abril 2024
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