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Misioneras de María
XAVERIANAS

Podcast

María, mujer del sí y de la fidelidad


Nos acercamos una vez más a la Celebración de la Navidad de Nuestro Señor Jesucristo, acontecimiento que cambió definitivamente nuestra historia.

En la primera lectura de hoy encontramos la profecía en la que se anuncia que el Mesías será descendiente del Rey David (2° Samuel). Promesa que se cumplirá con el nacimiento de Jesús, segun relato histórico y teológico compuesto por Lucas. Se trata de una página llena de luz. Una página que no permite dispersión. En donde el respeto y la fe nos llevan a intuir la belleza y la grandeza del misterio que celebramos. El anuncio se hace a una mujer, cosa impensable en aquella época. Algo nuevo está sucediendo. Reflexionemos y contemplemos esta Palabra.

“El Ángel fue enviado”.

La iniciativa viene de Dios, que ha ido preparando la historia de la salvación en el Antiguo Testamento. Aquí las aspiraciones de los siglos hacia el Cielo encuentran respuesta y se inaugura un movimiento desde el Cielo hacia la tierra. Es un nuevo tiempo. Lo que ahora empieza es la venida de Dios en la humanidad. La donación total de Dios en Jesús se realiza con la Encarnación.

“A una ciudad de Galilea”.

Un pueblito desconocido y perdido entre las montañas de la despreciada Galilea, que muchos consideraban abandonada hasta por Dios, puesto que ningún profeta había nacido en aquella región. 

“A una virgen prometida con José”.

Prometida en matrimonio como era la costumbre de aquella época. Pero todavía los dos no habían comenzado una verdadera vida conyugal.

“Alégrate, llena de gracia”.

Alégrate, un saludo que era más que una costumbre, porque inauguraba en María un sentimiento de gratitud, que iba a llenar toda su vida/alma. Palabra que va en consonancia con otras palabras de María: “Mi alma magnifica al Señor mi Dios y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador” (Lucas 1,39).

El Señor está contigo.

¿Qué significan estas palabras? Es una sorpresa que se vuelve reflexión sobre lo que Dios espera de ella. La Palabra de Dios refleja su fidelidad. Es el Dios fiel, que da estabilidad y confianza a nuestras debilidades, porque “el Señor está contigo” (v.29). También a nosotros, como a María, el Señor nos concede su favor.

“No temas, María, vas a concebir y dar luz a un hijo”.

No se habla de un padre, no se menciona a un hombre. Todo eso ya es suficiente para despertar maravilla en María y ella pregunta, va buscando una solución a la contradicción que surge: “yo sigo virgen”. María no sabe que ella ha sido escogida para ser la madre; no sabe que la  encarnación de Dios iba tener lugar sin la generación humana. María no sabe que en medio de la historia de generaciones según la carne, hay una interrupción imprevista: un niño, que es Hijo de Dios, empieza a vivir  por obra de Dios y ella fue escogida para ser la madre.

Una situación totalmente nueva en la historia y no existen palabras humanas ara expresarla.

“Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mi lo que me has dicho”.

El mensaje ha sido comunicado y ahora se espera la respuesta. Dios despierta el deseo, atrae, pide, aleja los obstáculos, persuade; mas no obliga.

María se ha abandonado totalmente a la voluntad de Dios y a través de ella se hace posible la donación de Dios a la humanidad. Sin sueños de grandezas, como David, alejada de los centros de poder político y religioso, humilde doncella de un pueblo desconocido. Es ella la elegida a ser la madre de la nueva creación. Su actitud de disponibilidad abre las puertas de la humanidad a la acción salvadora de Dios.

Las palabras confiadas y sencillas de la joven María hacen brotar la nueva creación, el Hombre nuevo y la nueva humanidad. No está dicho como se haya realizado la concepción. Sin embargo, frente al misterio más grande hay permanecer en silencio. Con el corazón lleno de confianza invoquemos nuestra Madre:

 

María, mujer del sí y de la fidelidad.

Rostro femenino de la divinidad.

Tu que eres “Madre de Dios y Madre nuestra”,

Regálanos tu Hijo Divino. Y, enséñanos a amar.

Oh Madre del Salvador,

Que sepamos contemplar.

Con la mirada humilde de los pastores,

Con la profundidad de tu silencio,

Y con la fe de los que saben esperar.

Bendito tu Hijo y bendita eres tu Madre,

Entre todas las mujeres.

  • Neusarina Caravelas Furtado
  • 23 Diciembre 2023
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