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Misioneras de María
XAVERIANAS

Podcast

¡No nos dejemos robar la esperanza!


Queridos hermanos y hermanas, con este 1.º domingo del mes de diciembre, iniciamos el Tiempo de Adviento. En épocas pasadas, para la sociedad campesina, el Adviento era tiempo de siembra y de espera. Espera de que la semilla brotara y luego se volviera espiga y trigo maduro, para guardarlo en los graneros. Este tiempo de espera marcado por la paciencia y el silencio. Su tiempo era largo, calmo, apto para la reflexión. Actualmente, no es así. Todo es breve, inquieto y con frecuencia nos distraemos, no observamos lo que pasa en nuestro alrededor.

El Adviento implica una manera madura de vivir el tiempo, pues es vivir nuestro hoy, esperando que se cumpla la historia de nuestra salvación. Tiempo que nos invita a estar siempre preparados y vigilantes.

1. El contexto bíblico del capítulo 13 de Marcos trata de una enseñanza sobre los “últimos tiempos”, lo que llamamos también el discurso escatológico o apocalíptico, en donde se usan diversos tipos de figuras (celestes y terrenales), imágenes y símbolos. Se trata de un recurso literario valioso para convencer a las personas de algo importante. Recordemos que al inicio del capítulo 13, (versículo 4), Pedro, Santiago y Andrés le preguntan a Jesús, “cuando será la destrucción del Templo de Jerusalén”. Jesús no les contesta la pregunta, sino que insiste en la necesidad de estar preparado y vigilante. El capítulo 13 podemos dividirlo en 3 partes:

a) Versículos de 5-23: Discernir, estar atentos para que nadie los engañe.

b) Versículos de 24-32: Esperar la venida del “Hijo del Hombre”.

c) Versículos de 33-37: Velar y estar preparados.

Esta última parte es el texto que estamos reflexionando, el cual nos invita a vigilar.

Observemos que, Jesús comienza y termina con la misma invitación: ¡VIGILAD! Jesús no pretende infundir miedo al no revelar el día ni la hora. En esta primera enseñanza, Jesús nos indica el porqué de la vigilancia. Él quiere decirnos que, todas las horas y todo momento, es bueno para esperar y encontrarse con Él. Lo más importante es vivir el presente y no estar obsesionado por el futuro y por conocer cuándo será el final de los tiempos o el final de la vida de cada uno. El Señor viene continuamente, por eso es necesario vigilar y discernir el tiempo con una actitud de amor, escucha y la obediencia a la Palabra de Dios.

2. La segunda enseñanza de Jesús está basada en el estilo de la vigilancia. La parábola habla del hombre que viaja y deja su casa al cuidado de sus criados y, cada cual, con su tarea. Al portero el señor pide que esté despierto. ¿Y a nosotros, que nos pide el Señor? ¿Cuál es nuestra tarea?

Jesús nos invita a estar preparados y vigilantes, porque el tiempo es hoy, el tiempo de la gracia que el Señor nos concede, tiempo en que crece nuestra fe y madura nuestra salvación. Tiempo de vivir una relación de confianza, tiempo de sembrar esperanza. “No nos dejemos robar la esperanza”. EG

Normalmente, la vigilancia se caracteriza como vigilancia de la casa. Y hoy, hablamos de nuestro hogar, de nuestra familia y de la casa común, la tierra que nos acoge como sus habitantes. Esta misma tierra está clamando por cuidado y vigilancia. Son tantos hermanos y hermanas que necesitan de nuestra mirada amorosa y llena de esperanza. “No nos dejemos robar la esperanza”.

No olvidemos el gran amor de Dios que se encarna para vivir como persona en medio de nosotros. Un Dios que se enamora de sus criaturas. Es cierto que, amamos con un amor sufrido, porque muchas veces se ama a oscuras. Pero, esta es la esperanza de los discípulos misioneros de Jesucristo, y la discreta alegría del Adviento. “No nos dejemos robar el espíritu misionero”, salgamos al encuentro de los hermanos sin casa, sin tierra, los desalojados y los migrantes que caminan en medio de nosotros.

Hoy la Palabra de Dios nos invita a discernir nuestras actitudes frente a la naturaleza, y en su “Exhortación Apostólica Alaba a Dios”, el papa Francisco nos convoca a cuidar del planeta tierra, “repensar los límites del poder humano, replantear las causas humanas del cambio climático y a dimensionar los avances y fracasos culturales, eclesiales y políticos”.

Reflexionemos:

¿Cuál es nuestra responsabilidad? ¿Cómo esperamos a nuestro Salvador? Que seamos como María, llena del Espíritu Santo, para crear “espacios motivadores y sanadores, lugares para regenerar la fe” y fortalecer la esperanza; y sobre todo discernir con criterios evangélicos nuestras decisiones.

Que nuestro Señor nos encuentre despiertos y vigilantes; y, una vez más: “no nos dejemos robar la esperanza”. EG

  • Neusarina Caravelas Furtado
  • 01 Diciembre 2023
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