Estamos en el último domingo del tiempo ordinario, a uno más de cerrar el ciclo con la fiesta de Cristo Rey. Aquí se presenta una visión del final de los tiempos, por eso, continúa con el tema de la vigilancia de las 10 doncellas, porque aclara el sentido del aceite para las lámparas. Hay que repetir que la actitud de vigilancia no es la de un policía que controla la conciencia o el comportamiento, sino nuestro compromiso por el Reino y su justicia, tema transversal del evangelio de Mateo.
Mateo escribe a las primeras comunidades de cristianos que debían ser testimonio de convivencia fraterna. Para Mateo, la base de las sanas relaciones sociales es el respeto, es decir, una forma de vida que tiene presente al otro y al necesitado. La llegada del Reino permea las relaciones de la sociedad teniendo cuidado para no relajarse, ni quedarse dormidos en nuestras responsabilidades.
Aquí, el patrón de la parábola es el propio Dios. Es él que confía sus bienes a cada uno, confiando en el compromiso que ve en la persona: a uno le dio 5 talentos, a otro dos y al otro uno. Un talento equivale aproximadamente a una cantidad en oro de 36 kilos (180). Es una cantidad enorme que se les confía, sobre todo al primero.
¿A qué es equivalente esto en el lenguaje de Jesús? Que Jesús les va a confiar a los discípulos nada más y nada menos que administrar los bienes del Reino de los cielos. Dichosos aquellos en quien Jesús pone su confianza. Ellos deberán dar cuentas de la gestión que se les está confiando, por lo tanto, deben estar atentos al momento que se les llame y no encontrarlos dormidos.
Al rendir cuentas presentan lo que recibieron y su trabajo, al ganar otro tanto. El que recibió cinco logró negociar y ganar otros cinco, igual que el que recibió dos, ganó otros dos. Ellos dieron el cien por ciento de su esfuerzo y trabajo. El patrón les dice: te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en la administración de cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu Señor. El patrón no establece grados ni títulos de premiación (p. ej. gerente…) como lo hace la sociedad. Él le llama “bueno y fiel” a todo aquel que trabaja y hace rendir el Reino dentro de su contexto de vida.
La parábola refleja también el miedo y el riesgo que hay, porque no hay plena seguridad de que salga bien su trabajo, como es el caso del que recibió un solo talento. El miedo paraliza y hace que se distorsione la realidad pensando: Señor, sé que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que no has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo. Con frecuencia se piensa así de Dios.
En aquel tiempo, la manera más segura de guardarlo era enterrándolo. Ese empleado se fue a lo seguro, no arriesgó ni quiso poner en juego sus habilidades, perdió su oportunidad, se fue a lo más cómodo… a no trabajar. Aunque la parábola no habla del riesgo para los dos primeros empleados, se supone que no fue fácil ni cómodo. De esa manera hay que trabajar por establecer la justicia y la buena convivencia en la sociedad. Nunca ha sido fácil, ni será.
En los tiempos de Jesús, los encargados de impartir la ley eran los doctores o escribas y en su visión, le complicaban a la gente el acceso a Dios. Así también, el empleado que recibió un talento, creo su propia visión de la realidad, una teología donde imagina, de acuerdo a su miedo, que el patrón era injusto, cruel y malo, es decir, se creó un ídolo=caricatura del patrón, algo que no coincidía con la realidad, pero era la máscara para encubrir su falta de compromiso, echándole la culpa al otro. El patrón le dijo lo que era: siervo malo, perezoso… e inútil.
La parábola muestra la grandeza y también la fragilidad del patrón. La grandeza está en entregar sus bienes a personas para que lo trabajen. Son 8 talentos (288 kg oro), muchísimo dinero confiado a sus empleados. Su fragilidad, en cambio, está en arriesgar lo que tenía en manos ajenas. En el fondo, el patrón sabía cómo manejar el dinero sin ayuda de sus trabajadores: ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco para que a mi regreso yo lo recibiera con intereses? A lo que el mal siervo podría haberle reclamado: ¿y por qué usted mismo no lo hizo? La respuesta parece evidente, el patrón confiaba en ellos y se arriesgó. Ciertamente, él sabía cómo producir riqueza y no necesitaba de ellos, pero quería que ellos pudieran ganar su parte poniendo sus habilidades en acción.
Aquí, Jesús se está dirigiendo a los discípulos, a los que a lo largo del tiempo lo siguen. Esa palabra tiene su efecto hasta nuestros días en quienes escuchan el mensaje… Podremos equivocarnos en la forma de administrar lo que Dios nos confía. De hecho, este es para Mateo el «tiempo de la Iglesia». El que no hace fructificar los dones recibidos, al fin termina por perderlo todo. De igual manera, la comunidad debe estar atenta para no caer en la comodidad, en la rutina y quedarse sin nada.
Dios arriesga con nosotros, poniendo lo suyo en manos de las personas. Dios podría hacer todo por su cuenta. Mateo al referirse a las autoridades dice: el Reino les será quitado a ustedes y se le entregará a una nación que produzca sus frutos a su tiempo (21,43). El patrón ordena que le quiten al flojo lo que se le confió para dárselo al que tiene diez. Al que trabaja con esmero se le concederá en abundancia. Al que renuncia a trabajar se quedará con las manos vacías y luego será expulsado.
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Gerardo Custodio
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18 Noviembre 2023
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