A partir de este capítulo, Jesús se va a enfrentar más directamente con las autoridades del pueblo de Israel. Jesús ya está en la capital, Jerusalén, y más exactamente en el templo, centro del poder religioso.
¿Qué está detrás de las respuestas de estos hijos?
El primero hijo. Se refiere a las llamadas “personas de bien”, maquilladas de religiosidad y de justicia (fariseos), que se escandalizan y se levantan rápido en nombre de la sana doctrina (escribas); asociadas con la gente acomodada (ancianos), pensando que con eso cumplían su ejercicio de la fe. Ellos controlaban la economía=vida del pueblo. A cualquier persona que saliera de sus conceptos la podían catalogar de hereje y peligrosa y, por lo tanto, podía ser expulsada o ejecutada.
El segundo hijo. Representa a los pecadores, a los analfabetos, al pueblo pobre que ignoraba las normas. Entre estas personas está el propio Mateo que escribe, cobrador de impuestos. Y junto a esta categoría están las prostitutas, formando el grupo más despreciado por la alta jerarquía política y religiosa, que se sentían dueños de la salvación, al decretarlos perdidos y condenados. Todo lo contrario a la enseñanza y acción de Jesús que por acoger (juntarse) a estos marginados, pecadores públicos, será sentenciado a muerte por hereje, por pensar diferente.
En el A.T. todo el pueblo de Israel era considerado hijo de Dios. Para los tiempos de Jesús, las autoridades habían determinado que los pobres, iletrados, cobradores de impuestos, prostitutas y otras categorías (ciertos enfermos), estaban excluidos y deberían ser considerados “malditos de Dios” y, por lo tanto, excluidos de la comunidad.
Después de contar la parábola, Jesús les pregunta a sus oyentes (sumos sacerdotes y ancianos): ¿Cuál de los dos hijos hizo la voluntad de su padre? Las autoridades responden que el segundo, aquel que, a pesar de su respuesta, se arrepiente y va. Ellos se dan cuenta que son como el primer hijo del relato. La última parte de la parábola dice: los marginados se les han adelantado en el Reino porque han creído en la Buena Nueva del Reino. Ellos en cambio, ni con Juan, ni de ninguna manera han querido entender ni se han convertido.
¿Por qué hay gente que se excluye del Reino de Dios? porque no se sensibilizaron con la predicación de Juan, ni por el llamado de Jesús, al contrario, los vieron peligrosos, porque no pensaban como ellos y quisieron borrarlos haciéndolos a un lado. El conocimiento y la práctica de Jesús es fundamental para definir de qué lado estamos, a cuál de los dos hijos representamos, qué rumbo queremos darle a nuestra vida y a nuestro mundo: depende de nuestra respuesta HOY.
CONCLUSIÓN: lo que importa no son las apariencias externas, las respuestas que suenan bonito, sino las que vienen del interior de la persona; el que honra a Dios no es el que sólo observa ritos externos, sino el que hace su voluntad con convicción. En el tiempo de Jesús, el legalismo manifestaba la integridad del individuo, creando una mentalidad centrada en las apariencias.
Jesús sabe que, para Dios que conoce lo secreto del corazón, el hijo/a verdadero es el que de hecho se compromete con la práctica de los valores del Reino. Para los próximos dos domingos, Mateo presenta las otras dos parábolas que completan este discurso.
-
Gerardo Custodio
-
01 Octubre 2023
-
Visto 706 veces

