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Misioneras de María
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Llamados por nombre


Llamados por nombre

En el Evangelio de hoy encontramos muchos consejos para nuestra vida cotidiana y para experimentar este encuentro personal con Dios.

El Evangelio comienza mostrando el sentimiento de Jesús: "Al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas". Este sentimiento habla del corazón mismo de Dios, solo Él puede comprender el sufrimiento de la humanidad y solo Él es quien da esperanza al mundo.

El segundo es una invitación a orar al dueño de la cosecha: solo a través de la oración se forman los apóstoles, los seguidores de Jesús. Es un don que debemos pedir con insistencia.

Después de la oración llega este llamado, es Jesús quien llama a los discípulos, los llama por su nombre, es decir, con la personalidad de cada uno, con sus limitaciones y sus cualidades, pero Jesús los llama y ellos responden porque han tenido una experiencia, un encuentro personal con el Maestro.

Jesús les da el don de expulsar a los espíritus impuros y sanar toda enfermedad. Este poder que Jesús les da es para que continúen la misión de Jesús. Junto con la predicación del Reino de Dios, hay signos que permiten que cada hombre y cada mujer que escuche y encuentre a Jesús pueda cambiar de vida, dejar al hombre viejo y recibir al hombre nuevo, sanar su dignidad herida como hijos de Dios.

Finalmente, Jesús les dice: "Lo que ustedes recibieron gratis, denlo gratuitamente", recordándoles que es necesario haber experimentado esta infinita misericordia de Dios para cada uno de ellos, porque solo así podemos ser agradecidos. Solo una vez que experimentamos este amor de Dios podemos compartirlo con los demás.

Lo último que me gustaría destacar es que cuando Jesús llama por nombre, mira el rostro de sus discípulos. Don Tonino Bello dice que la búsqueda del Rostro, la atención al rostro, expresa el sentido de la gratuidad en la acogida de la persona, antes que sus cualidades, capacidades u orígenes: "El reconocimiento de las personas es muy importante. Es fundamental porque hoy las personas ya no son reconocidas. El otro es un rostro por descubrir, un rostro para contemplar, un rostro para acariciar. Un rostro dirigido: mirarse a los ojos. Rostro a rostro".

Reflexionemos:

¿Miramos el rostro de las personas que encontramos?

¿Cómo nos enfrentamos al sufrimiento de los demás?

¿Cómo es nuestra oración, es un encuentro personal con Dios?

¿Cuál es mi actitud ante todo lo que Dios me ha dado?

  • Guadalupe Albor
  • 17 Junio 2023
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