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Misioneras de María
XAVERIANAS

Familia misionera por elección

Lulú Hernández González
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12 Junio 2024

Lulú Hernández González, Laica de las Misioneras de María - Xaverianas, celebra los 50 años de presencia en México de las Xaverianas, y relata como fue su primer contacto con ellas.

Este año, particularmente, me lleva a recordar cómo fue que conocí a las Misioneras de María Xaverianas, y al traer tantas cosas a la memoria, hacen que las viva de nuevo en sentimiento, el cual, por cierto, es de gratitud siempre.

Fue en el 2009, un año difícil para mí y para mi familia. Tuvimos la tristeza de vivir la pérdida de mi madre y hermanito, y tres meses después, la muerte de mi padre, todas inesperadas y de manera trágica. Fue en medio de esta experiencia de dolor que las hermanas entraron a mi vida. Mi hermana menor participaba en el grupo de adolescentes en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario, en Atemajac. Susy Miranda acompañaba a estos muchachos y, en los momentos que vivíamos, no dudó en estar con nosotros. Recuerdo perfectamente que ella y otras hermanas nos acompañaron con ternura y una cercanía como si fueran parte de nosotros, como si nos conocieran de siempre. Sufrían con nosotros, pero también compartían con nosotros la esperanza que Jesús da, la alegría de saber que la muerte no es el final. Esta experiencia fue el inicio de un caminar juntos.

En septiembre de ese año fuimos invitados, mi esposo Pepe y yo, a participar del grupo de los “amigos”, así llamado en ese momento los Laicos de María de las Xaverianas. Cuando llegué a la reunión, sentí un ambiente de hogar. María Laura Corti en ese momento compartía el tema: “Educando el corazón en la alegría”. No lo puedo olvidar… El texto que se me entregó traía algunas frases escritas que me parecían tan profundas. Al pie decían “La madre”. Yo no conocía en ese momento nada de las Xaverianas, solo que eran consagradas y misioneras. Me inquietaba saber cuál de todas esas madres había escrito aquello que resonaba en el corazón al leerlo y al meditarlo. No me quedé con la duda y pregunté a una de las hermanas: ¿Quién escribió esto? Ella respondió: ¡La madre! No salí de dudas, sino hasta que después del segundo encuentro pregunté a Susy: ¿Cuál de todas aquellas madres escribía esto? Con detenimiento, me compartió y explicó la obra de la Madre Celestina. Era ella la autora de todo aquello y la causante de mi fascinación por su manera de transmitir el mensaje a las demás. Cuanto más conocía, más me cautivaba “La madre”.

Desde esos momentos hicimos propia esta espiritualidad. De niña, cuando iba a la IAM, soñaba con ser misionera, salir a tierras lejanas. Al conocer a las hermanas, se reavivó en mí este deseo. Fue el inicio de un caminar que habíamos buscado (Pepe y yo) por mucho tiempo, donde pudimos ver que los proyectos de nuestro creador van más allá del entendimiento humano.

Durante 15 años hemos formado parte de esta familia, que prontamente nos apropiamos, compartimos la espiritualidad, el trabajo y la vida misma. Expresar el sentimiento en unas líneas muchas ocasiones limita todo lo que se quiere decir, sin embargo, es una oportunidad para llegar a todos aquellos que no tenemos cerca físicamente. Por eso aprovecho este medio para dar gracias primero a Dios por la vida y por todo lo que llega en el caminar de la misma. Gracias por las personas que forman parte de ella y, en esta ocasión especial, gracias infinitas a todas las Misioneras de María Xaverianas que han formado parte de mi historia: a las extranjeras que con valentía llegaron a esta tierra mexicana hace 50 años, a las mexicanas que han dicho "sí" al llamado, que son fruto y a la vez sembradoras, a las que pasaron por estas tierras pero siempre están presentes en nuestro recuerdo.

lulufami

Ser Laica de las Misioneras de María es un regalo preciado, una vocación que me permite vivir y compartir mi ser y hacer. Sigo aprendiendo y caminando con mi esposo, hija, hermanos laicos y hermanas consagradas. Celestina continúa cautivando mi corazón y empujándome al amor de Jesús. No alcanzaría a nombrar a cada una de las Xaverianas que hemos tenido la bendición de conocer, pero puedo compartir que hemos encontrado en este caminar fraternidad: hermanas no de sangre, pero sí de espíritu, amigas, confidentes, cómplices, maestras de vida en todos los sentidos, una familia. Tantas aventuras, experiencias, alegrías, tristezas, trabajos, misión, todo lo compartido… tenemos una familia misionera por elección, pero sin duda un don divino para nosotros. ¡Felicidades, queridas hermanas, compañeras de vida!