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Misioneras de María
XAVERIANAS

Podcast

¿Dónde está el Reino de Dios en medio de nuestro mundo?


Al mirar la realidad de hoy, podríamos preguntarnos: ¿Dónde está Dios cuando vemos guerras, violencia, familias divididas y una sociedad que parece perder cada vez más el sentido del bien? A veces da la impresión de que el mal tiene la última palabra.

            Leamos las palabras de Jesus en el envangelio de este domingo.

            Mateo 13, 24-43

En aquel tiempo, Jesús propuso esta parábola a la muchedumbre: "El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña.
         Entonces los trabajadores fueron a decirle al amo: 'Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, salió esta cizaña?' El amo les respondió: 'De seguro lo hizo un enemigo mío'. Ellos le dijeron: '¿Quieres que vayamos a arrancarla?' Pero él les contestó: 'No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha y, cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla, y luego almacenen el trigo en mi granero' ".
         Luego les propuso esta otra parábola: "El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que un hombre siembra en un huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se convierte en un arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en las ramas".
        Les dijo también otra parábola: "El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentar".
        Jesús decía a la muchedumbre todas estas cosas con parábolas, y sin parábolas nada les decía, para que se cumpliera lo que dijo el profeta: Abriré mi boca y les hablaré con parábolas; anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.
        Luego despidió a la multitud y se fue a su casa. Entonces se le acercaron sus discípulos y le dijeron: "Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo".
        Jesús les contestó: "El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre, el campo es el mundo, la buena semilla son los ciudadanos del Reino, la cizaña son los partidarios del maligno, el enemigo que la siembra es el diablo, el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.
       Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que arranquen de su Reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga''.

Las parábolas que Jesús nos presenta este domingo responden precisamente inquietud de ¿Dónde está el Reino de Dios en medio de nuestro mundo?  El Reino de Dios no es un lugar lejano, sino la presencia de Dios actuando silenciosamente en medio de nuestra historia. Por eso Jesús compara el Reino con un campo donde crecen juntos el trigo y la cizaña, con un pequeño grano de mostaza y con un poco de levadura que hace fermentar toda la masa.

Jesús no niega la existencia del mal. Al contrario, reconoce que el trigo y la cizaña crecen juntos. Sin embargo, nos invita a no perder la esperanza, porque Dios continúa trabajando con paciencia y su proyecto de amor sigue adelante.

Las otras dos parábolas nos recuerdan que el Reino casi siempre comienza de manera humilde. Como una semilla diminuta o como la levadura escondida en la masa, el bien actúa sin hacer ruido, pero tiene una fuerza capaz de transformar la realidad desde dentro.

También hoy el Señor nos llama a ser esa pequeña levadura. Quizá no podamos cambiar el mundo entero ni detener las guerras, pero sí podemos sembrar paz en nuestra familia, reconciliación entre quienes nos rodean, honestidad en nuestro trabajo y esperanza en quienes viven desanimados. Cada gesto de amor, por pequeño que parezca, hace presente el Reino de Dios.

En un mundo que con frecuencia destaca el poder del mal, Jesús nos invita a mirar con los ojos de la fe: el Reino ya está creciendo. Tal vez no haga ruido ni ocupe los titulares, pero allí donde alguien ama, perdona, sirve y mantiene viva la esperanza, Dios sigue transformando el mundo.

  • Enriqueta Ayala
  • 22 Julio 2026
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