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Misioneras de María
XAVERIANAS

Podcast

Una compasión que transforma la vida


El Evangelio de Mateo 9,36–10,8 nos presenta el envío de los doce apóstoles en misión. El punto de partida de este envío es la mirada compasiva de Jesús ante el sufrimiento del pueblo. Al recorrer ciudades y aldeas, Jesús encuentra a las multitudes «cansadas y abatidas, como ovejas que no tienen pastor» (Mt 9,36). Esta imagen revela la dura realidad de un pueblo abandonado por sus líderes religiosos y políticos, marcado por la explotación, la opresión y la falta de esperanza.

Al encontrarse con estas situaciones, Jesús no permanece indiferente. Su corazón se conmueve profundamente. El evangelista utiliza un verbo muy fuerte para expresar este sentimiento: una misericordia que brota de las entrañas y que impulsa a la acción concreta. La compasión de Jesús no es simplemente una emoción pasajera; es compromiso con el otro, compromiso con la restauración de la dignidad humana.

Jesús llama a los discípulos por su nombre y los envía en misión. Ellos son invitados a continuar lo que el mismo Maestro realizaba: anunciar el Reino de Dios y luchar contra todo aquello que amenaza la vida. El Evangelio recuerda que Jesús recorría todas las ciudades y aldeas enseñando, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y dolencia (Mt 9,35). Ahora los discípulos se convierten en colaboradores de esa misma misión.

El envío misionero nace, por tanto, de la urgencia de cuidar la vida y anunciar el Reino. Jesús afirma: «La mies es mucha, pero los trabajadores son pocos» (Mt 9,37). La mies representa a una humanidad herida, necesitada de esperanza, justicia y cuidado. Dios es el dueño de la mies, pero desea contar con la colaboración humana; cuenta con la colaboración de cada uno de nosotros, Pueblo de Dios, bautizados y enviados. Recordamos así que la misión no es privilegio de unos pocos, sino responsabilidad de toda la comunidad cristiana. Estamos llamados a anunciar con alegría el Reino de Dios.

Al llamar a los doce y concederles autoridad para curar a los enfermos y expulsar a los espíritus malignos, Jesús muestra que la misión cristiana debe enfrentar todas las formas de mal que deshumanizan a las personas y dañan la creación. Más que acciones extraordinarias, estos signos expresan el compromiso de restaurar la dignidad humana, combatir las injusticias y anunciar un mundo nuevo marcado por el amor, la fraternidad y la misericordia.

El Evangelio también recuerda que los discípulos son enviados, ante todo, a las «ovejas perdidas de la casa de Israel» (Mt 10,6). Esto revela la urgencia de cuidar a quienes más sufrían por la opresión religiosa y social de su tiempo. Jesús denuncia así a los falsos pastores que se alejaron del pueblo y utilizaron la religión como instrumento de dominación.

Debemos preguntarnos hoy si estamos anunciando el Evangelio a las «ovejas perdidas» o si nos hemos encerrado en nuestros propios grupos. También debemos cuestionarnos si no nos dejamos llevar por el uso de la religión para oprimir, obtener prestigio o ejercer poder. Sobre todo en nuestro contexto actual, es importante recordar que la misión de Jesús comienza precisamente junto a los más abandonados, junto a quienes viven en las periferias, porque Él vino para que todos tengan vida y la tengan en abundancia.

  • Rosangela Dos Santos
  • 13 Junio 2026
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