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Misioneras de María
XAVERIANAS

Podcast

Jesús es el camino, la meta es la casa del Padre


En este V domingo de Pascua, Jesús se presenta como Camino, Verdad y Vida. Se trata de un texto tomado de los discursos de despedida que Jesús dirigió a los suyos en la Última Cena.

No pierdan la paz

Para comprender mejor este Evangelio, consideramos en primer lugar su contexto. Todo nos hace pensar en una situación crítica y tensa: apenas había pasado el episodio del lavatorio de los pies cuando Jesús anuncia las dos traiciones (de Judas y de Pedro) y su despedida. El ambiente es de tristeza e incertidumbre y, con razón, Jesús invita a la calma, a que no se confundan: “No se turbe vuestro corazón” (v. 1).

El sufrimiento es grande; es más que un desánimo: es una tristeza profunda, como aquella que Jesús había sentido con la muerte de Lázaro (Juan 11,33). Jesús nos enseña el Camino que tiene como meta “la casa del Padre”, un camino que hace frente a la pasión, pero con la mirada fija en la esperanza de la vida que vence la muerte.

Jesús permanece con nosotros en el misterio del Pan y del Vino. Él está vivo, como afirman los ángeles a las mujeres en la mañana de la resurrección: “No temáis vosotras, porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado como dijo”

(Mateo 28,5-6).

Hoy también vivimos situaciones de inseguridad, miedo y tristeza; necesitamos alimentar nuestra confianza y nuestra esperanza en el Señor. Por eso, creer en Jesús resucitado es nuestra fortaleza y la certeza de que con Él venceremos.

Creer en Dios, creer en Jesús

En segundo lugar, observamos que las palabras de Jesús en los vv. 2-10 insisten en creer en Él, así como creen en el Padre. Además, les deja claro que en Él están viendo y conociendo al Padre (vv. 7.9-10).

El evangelista Juan insiste en el conocimiento de Jesús como camino que conduce a la verdad y a la vida. Creer en Jesús es encontrar el Camino. Y, con razón, san Agustín afirmaba que “todo hombre desea la verdad y la vida, pero no todo hombre encuentra el camino”. Solo Jesús es el Camino que da sentido a todos los demás caminos humanos. Solo Él nos conduce por caminos de justicia, de paz y de vida plena.

Hoy vivimos en una época de muchas mentiras y de falsos mesías, una sociedad que juega con los valores sin considerar la necesidad del prójimo. Este reto nos interpela y, como decíamos en la reflexión de la semana pasada, “nos hacen falta líderes que amen y cuiden de su pueblo” para enseñarles el camino de la vida verdadera.

Señor, no sabemos el camino… muéstranos al Padre

Continuando en un contexto de incredulidad, en tercer lugar encontramos las figuras de Tomás y Felipe, quienes, a pesar de convivir con Jesús, todavía no comprenden este discurso.

El “incrédulo” Tomás no sabe a dónde va Jesús y tampoco conoce el camino. Felipe, el interlocutor de “poca influencia”, desconoce la verdadera identidad de Jesús y lo ve apenas como el “hijo de José, el de Nazaret”. En cambio, Natanael identifica a Jesús como el Hijo de Dios (Juan 1,45-50).

Es imposible tener un conocimiento íntimo de Jesús sin dejar nuestras falsas seguridades y nuestros autoengaños. Es necesario pasar por la experiencia de la pasión, donde la verdad nos transforma en “criaturas nuevas”, capaces de seguir al Resucitado, quedarnos con Él y conocer al Padre, “porque eso nos basta”.

“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”

Jesús es el camino precisamente porque es la Verdad y la Vida. Esta perspectiva, en el texto, se sustenta a partir de dos temas dominantes: el camino (vv. 4-5) y la necesidad de conocer a Jesús como el único acceso para ir al Padre (vv. 6.7.9.10.11.13).

De hecho, no conoceremos la verdad ni tendremos vida plena si no tomamos el camino correcto: aquel que Jesús nos dejó en las bienaventuranzas.

Por último, podríamos decir que hoy el Evangelio quiere insistir en la incredulidad de los discípulos. El texto es muy claro: no es suficiente con creer en Dios, se debe creer también en Jesucristo. Los discípulos viven una gran confusión: no saben a dónde va, no conocen el camino, no están seguros de que conocer a Jesús es también conocer al Padre.

Este problema no corresponde solo al tiempo de los primeros discípulos. Hoy existe el riesgo de declararse creyente y religioso, pero no adherirse a Jesucristo. Muchas podrían ser las causas de tanta incredulidad: no aceptar las exigencias de su proyecto o tal vez la propia fragilidad. ¿Cómo creer en un Dios que muere en la cruz? ¿En qué te hace reflexionar este Evangelio?

No se descarta la posibilidad de estar desanimados, ser traicionados o ser incoherentes con nuestra forma de vida cristiana. Sin embargo, ante esta situación, Jesús nos asegura un lugar para estar juntos con Él. Vale la pena confiar en el Señor, creer en Él y seguirlo para experimentar la alegría de la resurrección.

¡Que María, Madre de la Esperanza, nos anime en nuestro peregrinar rumbo a “la casa del Padre”, en el lugar que nos ha preparado su Hijo amado!

  • Neusarina Caravelas Furtado
  • 02 May 2026
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