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Misioneras de María
XAVERIANAS

Podcast

Enderezar los caminos del corazón


Juan Bautista aparece en el desierto de Judea, un lugar aislado, anunciando un mensaje de conversión y preparando el camino para Jesús. Era un tiempo de fuerte expectativa mesiánica entre los judíos.

El bautismo de Juan era un rito de purificación que simbolizaba el arrepentimiento de los pecados. Su predicación invitaba a una transformación profunda de la vida, disponiendo al pueblo para la llegada del Mesías.

Este texto, cargado de símbolos y significados para nuestra fe, me lleva a recordar una experiencia muy honda que viví durante mi misión en el Chad.
La comunidad cristiana de un pequeño poblado, lejos del centro parroquial, debía prepararse para la visita pastoral de nuestro obispo. Acababa de pasar la temporada de lluvias, cuando los caminos desaparecen entre la maleza. Con mucho trabajo, la gente abría senderos y dejaba todo hermoso, porque alguien muy esperado y querido iba a llegar. Y realmente todo quedó precioso.

El día de la visita, mujeres y niños cantaban y danzaban a lo largo del camino por donde pasaba el obispo. La capilla, sencilla y hecha de barro, lo esperaba con una mesa y unas sillas sobre una alfombra roja, además de una jarra de té y galletas preparadas con cariño.

Así imagino nuestra preparación para la Navidad. Los textos del Adviento buscan justamente eso: ayudarnos a disponer el corazón.

En este domingo, escuchamos a Juan que predicaba el arrepentimiento como condición para recibir el Reino de los Cielos. Arrepentirse significa cambiar la mente y la dirección, dejar atrás el pecado y volvernos hacia Dios. Es un llamado también para nosotros.

El bautismo de Juan era un signo de purificación y de preparación para la llegada del Mesías. Por eso, aquella experiencia en Koumi me enseña tanto: cuando se espera a alguien importante, se enderezan los caminos, se ponen los medios, se abre espacio para que pueda llegar.

Juan anunciaba la venida de alguien más fuerte, quien bautizaría con Espíritu Santo y fuego: Jesús, cuyo paso transforma y purifica. Habla también del juicio, donde el Mesías separará el trigo de la paja, es decir, a los que viven en la justicia de quienes eligen la injusticia.

Es una reflexión que fortalece nuestra fe y nos invita a examinar la propia vida: ¿En qué necesitamos convertirnos y cambiar de rumbo?

Así como la comunidad de Koumi se preparó con esmero para recibir al obispo, también nosotros somos llamados a prepararnos para la llegada de Cristo a nuestras vidas: enderezando los senderos de nuestra fe y ofreciendo al Dios Niño lo mejor de lo que somos.

El mensaje central es claro: el Adviento es tiempo de conversión, vigilancia y renovación interior. Juan Bautista nos invita a dejar el pecado para abrirnos a una vida transformada por el Espíritu Santo. Es un tiempo para crecer en la fe, perseverar en el camino y vivir atentos a la presencia de Dios.

Pidamos a Dios que este tiempo favorable sea para nosotros, así como lo fue para la comunidad de Koumi, una oportunidad para trabajar, personal y comunitariamente, por la transformación del entorno donde vivimos, como signo de amor y discipulado.
Y que María, nuestra querida Madre, nos acompañe e interceda por nosotros en este camino.

  • Beth Espinhara
  • 06 Diciembre 2025
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