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Misioneras de María
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DESPIERTA… DIOS YA ESTÁ A TU PUERTA


El Adviento comienza con una invitación fuerte y tierna a la vez: despertar. Jesús nos habla hoy de “velar”, de “estar en vela”, de vivir atentos. En el Evangelio, la palabra griega que se usa es gregoreíte, que significa “mantenerse despierto”, “tener los ojos del corazón abiertos”, “no vivir dormidos por dentro”. No es un llamado al miedo; es un llamado a la sensibilidad espiritual, a no dejar que la rutina o el cansancio nos roben la capacidad de ver a Dios en lo cotidiano.

La primera lectura, del profeta Isaías, nos regala una imagen bellísima: un mundo donde las espadas se convierten en arados, donde las lanzas se transforman en herramientas de vida, donde los pueblos caminan juntos hacia la casa del Señor para aprender sus caminos. Isaías termina diciendo: “Caminemos a la luz del Señor.” Ese es el espíritu del Adviento: no un sueño ingenuo, sino un camino posible hacia la paz, hacia la reconciliación, hacia una vida más luminosa. Dios siempre nos invita a dar el siguiente paso.

San Pablo, en la segunda lectura, nos sacude con amor: “Ya es hora de despertaros del sueño.” Y no habla de dormir físicamente, sino de ese sueño interior que todos conocemos: cuando la vida pesa, cuando la esperanza baja, cuando caminamos en automático, cuando ya no sentimos, cuando la fe se vuelve costumbre. Pablo nos dice: “La noche está avanzada, el día está cerca.” Es decir: Dios ya viene, Dios ya está cerca, despiértate para recibirlo.

El Evangelio nos muestra una sociedad que vivía como si nada. Comían, bebían, se casaban… pero no estaban atentos al paso de Dios. No era maldad, era distracción. Jesús insiste: “Por tanto, estén en vela.” Lo importante no es el “cuándo”, sino cómo nos encuentra la vida: si despiertos o dormidos, si sensibles o anestesiados, si abiertos o cerrados.

Hoy, esta palabra toca nuestra realidad. Muchas personas vivimos con el alma cansada, saturadas de noticias, atrapadas en el celular, preocupadas por el futuro, con heridas sin procesar, con relaciones frías o tensas, con la fe apagada. Jesús no nos reprocha: nos despierta. Nos recuerda que su presencia no llega en cosas extraordinarias, sino en lo pequeño, en lo cotidiano, en ese momento sencillo donde el corazón vuelve a abrirse.

Quizá hoy, para ti, “vigilar” significa tomar conciencia de algo que llevas mucho tiempo postergando. Tal vez es recuperar un diálogo que se rompió, dejar una actitud que te hace daño, volver a orar desde el corazón, agradecer lo que has dejado de ver, poner orden en lo que está desordenado, o simplemente permitirte sentir de nuevo. A veces el verdadero Adviento es atrevernos a volver a sentir.

Dios no quiere asustarte.

Quiere encontrarte viva, despierta, atenta, con el corazón disponible.

Él viene… pero quiere que lo notes.

Pregúntate hoy:

¿Qué parte de mí está dormida?

¿Qué necesito despertar para que Dios pueda visitarme en este Adviento?

Señor Jesús,

despierta mi corazón.

No permitas que viva distraída, cansada o indiferente.

Enséñame a reconocer tu paso en lo pequeño, en lo cotidiano, en lo silencioso.

Que este Adviento sea un tiempo de luz y esperanza.

Ven, Señor Jesús. Amén.

  • Licha Santiesteban
  • 29 Noviembre 2025
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