Jesús atraía a muchas personas: su misión, sus palabras, su manera de actuar, todo era ocasión de una gran fascinación por Él.
En el pasaje de este domingo, una multitud lo seguía. A estas personas, Jesús presenta las condiciones para este seguimiento: desapego, perseverancia, planificación, renuncia, resiliencia, disciplina, determinación. De hecho, esto fue lo que las primeras comunidades cristianas experimentaron a lo largo de su discipulado.
Recordemos que los escritos de Lucas iban dirigidos a personas que no tenían mucha familiaridad con las enseñanzas de Jesús. Hablar de un discipulado con tales exigencias era demasiado para aquellos seguidores que vivían en situaciones de gran tensión. Renunciar a padre, madre, familia, cultura y otras realidades por amor a Jesús, ya era una gran “muerte” en vida.
Para ilustrar esta adhesión, Jesús cuenta dos parábolas: la del hombre que comenzó a construir una torre y no pudo terminarla; y la del rey que debía salir a la guerra. En ambas analogías se requiere planificación, perseverancia, disciplina, renuncia y determinación. Sobre todo, un gran amor por la causa: el Proyecto que Jesús nos trae.
El Maestro parece querer enseñar a sus oyentes sobre la perseverancia, entendida como la capacidad de seguir esforzándose para alcanzar una meta. Así, seguir a Jesús significa mantener los ojos fijos en Él, colocando en segundo plano incluso la propia vida. Sin duda, los discípulos de Jesús enfrentaron grandes obstáculos y sufrimientos en esta desafiante misión, que exigió firmeza de propósito y la determinación de no desistir a pesar de las dificultades.
Una cosa es cierta: ¡Jesús nunca dijo que sería fácil! Sin embargo, nos dio una certeza: jamás estaríamos solos en este camino del seguimiento. Y como el mercader de perlas preciosas que, al encontrar una, vendió todo para quedarse con ella, así se espera de quienes dicen sí a la llamada de Cristo.
Desapegarse de lo que más amamos significa estar dispuestos a dejar nuestra zona de confort e incluso la seguridad de la familia. Es decir, mantener una perspectiva clara en la que la búsqueda del Reino ocupa el primer lugar.
Las parábolas de la torre y de la guerra subrayan la necesidad de prudencia y determinación. Planificar con estrategias concretas y eficaces también es una exigencia del discipulado. Es preciso evaluar los desafíos y costos, y estar dispuestos a pagarlos.
A pesar de todas estas exigencias, había detrás de Él una multitud que lo acompañaba. ¿Qué tanto fascinaba a esta gente?
Seguir a Jesús implica cargar la propia cruz (Lucas 14,27). Esto significa aceptar sufrimientos y dificultades por Él y por su Reino, asumiendo las consecuencias de tal adhesión. Igualmente, significa participar de la misión de Jesús, que es luchar por la justicia y la liberación de los más oprimidos y vulnerables.
Este texto tan exigente del Evangelio de Lucas es una invitación a ir más allá de una adhesión superficial, a llegar a lo profundo y dar lo mejor de nosotros en este discipulado: ofrecer a Jesús nuestro todo, sin reservas, sin distracciones, sin apegos, con la mirada fija en Él, dejándonos conducir hacia donde Él nos quiera llevar. ¡Aquí estamos, envíanos, Jesús!
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Beth Espinhara
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06 Septiembre 2025
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