La ilusión de ser ricos
Hoy empezamos nuestra reflexión con algunas frases ilusorias que pican nuestra curiosidad. Aquí citamos apenas dos ejemplos: “Gane un millón de pesos diarios.”; “Hágase rico de la noche a la mañana.” Por supuesto que ninguna de esas ofertas está tan cerca de hacerse realidad como suenan. Pero el mecanismo funciona, porque vivimos en el sueño de que el dinero o las cosas materiales son la clave de nuestra felicidad. Desgraciadamente, esta ilusión nos hace perder la libertad para ser y para decidir por nosotros mismos. Esta es la triste consecuencia de olvidar que solo existe un tesoro que puede hacernos felices: Dios.
Para comprender mejor este Evangelio
Es importante considerar en primero lugar que en el derecho hebreo se previa el reparto entre los herederos. En este relato del Evangelio se supone que es el hermano más nuevo quejándose del hermano mayor que niega el reparto previsto por la ley. Segundo la tradición el hijo mayor recibía el doblo de la herencia, con la finalidad de ayudar a quien en el futuro necesitara.
En segundo lugar, Jesús deja claro que no le corresponde “ser juez o partidor de herencias” (cf. v.14). Así que, desde la perspectiva de Lucas lo que este hombre desea es un reparto en su propio provecho. Él está dejando hablar a su propia codicia (cf. v.15).
Por último, Jesús presenta una parábola en la que el personaje habla consigo mismo. Se imagina la situación futura sin problemas y por eso se dedicará a descansar, comer, beber y banquetear (v.19). Son acciones que tienen una fuerte carga egoísta y este hombre cae en una contradicción; mientras Dios lo ha bendecido él mal corresponde con avaricia y egoísmo.
Él imagina un porvenir feliz, al menos desde su perspectiva. Sin embargo el texto lo define con una sola palabra: “necio”. El termine hace referencia en la tradición sapiencial al que no sabe vivir de acuerdo a la sabiduría de Dios; al que pretende vivir sin tomar en cuenta Dios y atropellando a sus hermanos. Es también, aquel que es incapaz de dar sentido a su propia vida. Aquel hombre que tenía reservas para muchos años ¡Irónicamente no tenía muchos años de vida! ¡Ni un dia!
¿Qué nos dice Jesús en este Evangelio sobre los bienes materiales?
Jesús nos enseña a mirar la vida como un don y la familia como un ideal fraternal querido por Dios. Por tanto, “desenmascarar la codicia es más importante que examinar los derechos de cada uno.”
Considerando el primer mandamiento de la ley, podemos decir que si Dios debe ser amado por sobre todo, el corazón no puede estar dividido. No podemos amar a Dios y al dinero. A final, la vida del hermano es más importante que toda riqueza. Además, Jesús nos deja muy claro cuando nos dice hoy que “la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea”.
Si en verdad deseamos ser ricos, que amemos las riquezas verdaderas. Como sabiamente nos habló San Agustín: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”.
¿Qué razón da Jesús para que nos apartemos de la codicia?
En Mt 6,19-21 Jesús dice “No vos afanéis por los bienes de la tierra, su abundancia no es bastante para salvar la vida”. No significa que los bienes terrenos son malos, sino que no podemos poner en ellos nuestra felicidad, nuestra satisfacción y nuestra seguridad porque no son capaces de dárnoslos. El amor es la única fuente de felicidad, y Dios es amor. Tampoco se trata de vivir resignados con la pobreza y la injusticia, más bien, tener una correcta actitud delante de los bienes materiales que están a servicio de la vida. Que nuestra preocupación por obtener lo que nos falta no nos haga descuidar lo que hoy nos daría vida. Por tanto, atendiendo a la advertencia de San Pablo “pongamos el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra.”
Podemos decir que el Evangelio quiere dejar claro que el discípulo de Jesús debe estar suficientemente atento y cuidadoso para no ser codicioso, es decir, para no desear tener más a costo de la desgracia de otros, del olvido de Dios y de la propia felicidad.
Hoy, uno de los mayores obstáculos para la paz y el desarrollo de los pueblos es la codicia. Hay quien quiere siempre más a costo del hambre y de la muerte de tantas personas.
Finalmente, delante de la situación que estamos viviendo en el mundo, este Evangelio nos invita a reflexionar con las siguientes preguntas:
1. ¿Quién se da el derecho de hacer la guerra a costo de la vida y de la infelicidad de su hermano?
2. ¿Cómo frenar ese deseo excesivo de poseer más que lo necesario?
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Licha Santiesteban
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02 Agosto 2025
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