Este texto es la conclusión del discurso pronunciado por Jesús a sus discípulos en aquella llanura. El evangelio destaca el seguimiento que los discípulos hacen acompañando a Jesús hasta Jerusalén. Los dos domingos anteriores se presentaron las metas y las exigencias para alcanzarlas, como es hacer con el prójimo el bien que quieres que te hagan. Hoy les muestra en tres ejemplos prácticos el camino que deben recorrer.
* ¿Puede un ciego guiar a otro ciego?
Primeramente ¿quién era el ciego para Jesús? Ciegos eran los líderes, como los fariseos, que pensaban que la salvación vendría por el mero conocimiento y cumplimiento perfecto de la ley. Ellos no eran capaces de conectar la relación que hay entre la teoría con las obras cotidianas. Ciego es uno que está a oscuras, en la “ignorancia”, el que necesita que la luz de Dios penetre para entender el verdadero valor de la vida. En el aprendizaje, el discípulo va iluminando interior conectando la voluntad de Dios=misericordia, con las actividades de la vida diaria.
El discípulo aprende las enseñanzas del maestro relacionando las palabras con las obras. Hoy aprenden para mañana ser guías. Este aprendizaje tarda años para experimentar la profundidad de esa luz y sus efectos. La ceguera verdadera es no sentir necesidad de que Dios guíe sus vidas y se apoyan en algunos conceptos de la ley. Sin la vivencia de la misericordia de Dios no puede dejar de ser un ciego, como los fariseos que pretendían ver y sentirse los iluminados por conocer parcialmente los conceptos de la ley.Los discípulos son llamados por Jesús para aprender y luego conducir al pueblo, como verdaderos guías para no hacer caer en un hoyo a los demás. La enseñanza de Jesús va, en primer lugar, a empezar por uno mismo, a reconocer el tipo de ceguera que impide que se vean los propios límites o defectos. Luego, se aplica a los líderes que sirven de guías para el pueblo. Los discípulos deben tener un claro entendimiento de cómo conducir a los demás en la dirección adecuada, en los principios divinos, en el camino del bien, para el bienestar general de la comunidad.
* La paja en el ojo ajeno.
No por ser seguidor de Jesús, por tener un libro bajo el brazo o pertenecer a alguna pastoral, institución o Iglesia ya se tiene la potestad de poder corregir a los demás. En el camino de Jesús es necesario un discernimiento a la luz de los valores del Reino. Lucas veía en las comunidades cristianas gente sin profundizar en la fe y en la caridad por los demás y se sentían ya seguros, sin antes poner por obra el perdón y la justicia. El discípulo no es superior al maestro y la tentación de estar al frente y querer guiar a los demás es la tentación primera del Génesis: “ser como dioses”, “suplantar a Dios”, en el sentido de dar más oído a otras voces (a la serpiente) que a la de Dios. Ver la paja o viga en el ojo ajeno, es una llamada de atención a no confiarse en el propio juicio sin pedir la iluminación de Dios. En las primeras comunidades, había en muchos cristianos el anhelo de estar al frente de una comunidad. La no preparación adecuada termina en no ser justo con los demás. En la comunida de los apóstoles, no hay lugar para aquellos que se hacen jueces de sus hermanos y hermanas.
La intolerancia y la intransigencia no son actitudes que contribuyen para el bien común, porque abren a un camino no adecuado. Quien no está en una actitud permanente de conversión, de cambio, de mejorar, tiende a mirar más los defectos de los otros y no ver los propios. Con facilidad, toma la posición de quien se siente apto para hacer juicios y condenar a los demás. Saca primero la viga que llevas en tu ojo y luego sacarás la paja del ojo de tu hermano.
* El árbol es conocido por sus frutos.
Antes de comprobar la calidad del árbol, son necesarios 2 pasos: ver que no esté malo por fuera. Jesús les exige apartarse del mal, de no tener pacto con “lo torcido”. El discípulo no puede jugar: un ratito si, otro no. El fruto bueno se empieza a distinguir desde fuera, desde la cáscara. Un segundo punto es que el fruto sea sabroso. No es suficiente lo bonito que parezca externamente, sino que debe ser bueno. Jesús pide que sus discípulos sean gente de bien. Que nutriendo su mente y su corazón puedan producir frutos de calidad.
La bondad es presentada como un tesoro. El evangelista Lucas hace la conexión entre los frutos buenos producidos por árboles buenos. Cada árbol se conoce por sus frutos. El verdadero discípulo, que sigue a Jesús fielmente, produce buenos frutos porque está conectado con la raíz del bien. De este modo, todos aquellos que acogen la propuesta de Jesús son como árboles buenos que en la vida diaria está produciendo buenos frutos. El discurso concluye con el dicho de que la boca habla de lo que está lleno el corazón. Los discípulos deben ser buenos guías de su pueblo, deben orientar a la comunidad de los fieles por medio de sus acciones y de las palabras que enseñan. La palabra tiene una estrecha relación con la manera de conducir. Quien sigue a Jesús debe ser testigo de coherencia entre el hablar y el obrar, ya que Jesús fue una persona que pasó haciendo el bien.
Cerrando el tema de estos 3 domingos, el discípulo está llamado a vivir una vida en Jesús y con Jesús. ¿Por qué Jesús vio, al inicio del discurso, la división entre pobres y ricos? La división la crea la falta de calidad del discípulo –cada uno de nosotros- que no asume su compromiso con seriedad y calidad. Es necesario limpiar el corazón del desgaste de cada día y alimentarlo constantemente de la fuente que sana y da vida plena: Jesús. Solo así podremos amar a todos, perdonar, compartir, dar sin esperar recompensas, etc… y ser hijos/as del Padre del cielo.
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Gerardo Custodio, sx
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01 Marzo 2025
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