Este tercer domingo de Adviento damos continuidad a los domingos precedentes con la predicación de Juan el Bautista. Si los domingos pasados Juan nos presentaba su mensaje, en este texto el énfasis está en cómo responde la gente a la predicación de la “buena nueva”. Encontramos aquí un interés concreto de encarnar la predicación escuchada.
La pregunta clave es: “¿Qué debemos hacer?” Al inicio los que se acercan a Juan con esa pregunta es la gente que lo escucha, son el pueblo, pero después también la pregunta se la hacen los publicanos y los soldados. Si recordamos un poco es la misma pregunta que el joven rico le hace a Jesús (Lc 18:18). Todas estas personas que preguntan por “lo que hay que hacer” están en el camino se séquela, de seguimiento, pero tienen una tarea, hacer un camino de conversión y vivir los valores del Reino. Así es como Juan va preparando la misión universal que no discrimina a nadie, todos estamos incluidos, siempre y cuando nuestro cambio de vida sea en favor de las personas excluidas.
El bautismo de Juan en el Jordán tiene sin duda un sabor de rito de cambio, de paso, de metanoia. Estos ritos normalmente marcan un cambio, un nuevo tiempo, una nueva forma de vida, actualmente diríamos, un cerrar círculos y abrir nuevos. Son esos tiempos que todos pasamos, que muchas veces vivimos con dolor pero nos ayuda a renacer. Así luego de un largo pasaje en el desierto, (como lo experimentó Israel) nos disponemos a un nuevo tiempo, a la construcción de un espacio de vida nuevo, el renacer es “Hacer nuevas todas las cosas”, iniciando con nosotros mismos, desde nuestro corazón que muchas veces es de piedra a un corazón de carne y que se traduce en acciones concretas de vida.
Así, el mensaje que Juan da a los tres grupos, al pueblo, a los cobradores de impuestos y a los soldados, es el de invitarlos a salir de sí mismos y descubrir al otro, al que es víctima de la inacción y apatía de quien no comparte lo que posee o abusa de su poder para sacar provecho en beneficio propio. Es una invitación a dejar atrás aquello que nos mata y nos lastima, es anticipar el porvenir y vivir la promesa que me sustenta ahora y hoy porque el llamado a la conversión es pura gracia de Dios.
“Él tiene el bieldo en la mano para separar el trigo de la paja…” El bieldo es una herramienta parecida a una pala con la que el granjero tira el grano al aire. El viento se lleva la paja, y deja el grano más pesado. El ser humano nuevo, será como el trigo bueno, que da cosecha abundante y comida a todo el mundo. El vacilante, la paja, será consumida por el fuego. Anuncio fuerte y duro, pero necesario. La predicación del Bautista fue bastante intensa porque la gente comprendió que el juicio de Dios no espera. La imagen del hacha lista y pronta para cortar los árboles que no den fruto es la señal del juicio divino. Con el juicio se abre el tiempo de la cosecha, el tiempo de recolectar lo que la persona ha sembrado, trabajado y producido en el campo de Dios. La persona que no aporta nada a la comunidad se separa por ser improductiva, por no haber ofrecido frutos ni a sus hermanos ni a Dios. Por eso vemos que la predicación de Juan no es abstracta ni se enreda en interpretaciones de leyes de pureza; su mensaje es preciso y directo: denuncia y condena a la gente egoísta, explotadora, extorsionadora y corrupta.
Finalmente podemos decir que el mensaje profético de Juan cuestiona al pueblo, tanto que se pregunta si Juan es el Mesías. El Bautista reconoce que no es el Mesías; admite que el Mesías es superior a él en estatus. El bautismo de Juan es un signo de arrepentimiento que purifica y orienta a la persona para que sirva a Dios. En cambio, el bautismo del Mesías será en “Espíritu Santo y fuego”, que completa de alguna manera el bautismo de Juan.
Este mensaje nos cuestiona a nosotros, a ti a mi, a cada cristiano que quiere seguir a Jesús. Por eso podríamos también nosotros preguntarle a Juan lo mismo que la gente de su tiempo:
_ ¿Qué debemos hacer en este Adviento mientras esperamos la venida del Señor?
_ ¿Cómo podemos ser personas de inclusión en nuestros trabajos, en nuestros
ambientes, en nuestras familias?
_ ¿Cómo estoy preparando mi corazón en el desierto, que rito puedo vivir, para
cerrar círculos, que me están impidiendo vivir y actuar como Jesús?
_ ¿Qué cambios debo realizar en este Adviento para vivir plenamente mi bautismo?
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Elisa Silva
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12 Diciembre 2024
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