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Misioneras de María
XAVERIANAS

Podcast

Camino de esperanza y conversión


1. “…vino la palabra de Dios a Juan hijo de Zacarías, en el desierto.” Lucas inicia este texto  hablando del Emperador Tiberio, hombre muy poderoso en su tiempo, nombra también a otros seis personajes muy importantes  de la  políticas y de la  religión.  La palabra de Dios, sin embargo, no le llegó al Emperador Tiberio, ni le llegó a Caifás, el sumo sacerdote, en cambio, la palabra de Dios le llega a Juan, un hombre humilde, ya consagrado a Dios. Esto nos recuerda otra vez que es Dios quien elige a sus emisarios. Ciertamente Dios ha “exaltado a los humildes” y son sus voceros frente a los poderes de este mundo. En ese contexto histórico Juan levanta una voz en el desierto, él es alguien que denuncia al poder y a su maldad implícita. Y lo hace sin pelos en la lengua, con él aparece también la esperanza, pues muchos creyeron que Juan era el esperado, el que había de liberarlos de tantas injusticias. Otros suponían que era Elías que había vuelto, pero era Juan, y él mismo decía: No, yo no soy el liberador, viene “Otro” más poderoso que yo. Así Juan predicaba un bautismo de penitencia, no era un bautismo para convertir gentiles al judaísmo, sino un bautismo de penitencia y de perdón y pide  a los que lo escuchan, arrepentimiento (metánoia, cambio de vida) y los bautiza para el perdón de sus pecados. 

Es propio de este tiempo de Adviento que sintamos la necesidad de ser perdonados, porque Dios no se cansa de perdonarnos. Solo que a veces estamos tentados a pasar por alto la realidad del pecado y enfatizar solo el perdón. Sin embargo sabemos que junto a la certeza de nuestro pecado, tenemos la certeza del perdón y eso es importante para nuestra salud personal, que es nuestra  salvación. Juan nos deja claro que nuestro arrepentimiento es lo que prepara el camino del Señor lo que rellena los valles y baja las montañas donde “los caminos ásperos serán allanados”, es decir, volveremos a estar bajo su gracia, y seremos salvos. En este camino que es el de cada uno de nosotros, lo vivímos en el aquí y el ahora. Siempre será aquí y siempre será ahora: la Vida solo es y acontece “aquí y ahora”. Si vivimos el Eterno Presente porque nuestro presente es un acontecer dentro del Misterio eterno de Dios y por eso mismo es una historia de salvación actual para mí, para ti, para todos y todas. Una historia ya salvada.

      

2. El texto de hoy también nos regala la fenomenal pista del desierto“Una voz grita en el desierto”.  El desierto es una imagen y una metáfora bíblica excepcional. Tiene un doble y opuesto significado: lugar privilegiado de encuentro con Dios y lugar de tentación y purificación. En realidad ocurre a menudo que vivamos las dos caras del desierto en la misma experiencia. Jesús mismo vivió las dos dimensiones: purificación y encuentro.

La imagen del desierto evoca unos principios esenciales para nuestro crecimiento humano y espiritual: soledad, silencio, interioridad. Para ir en profundidad necesitamos estas tres dimensiones que el desierto nos ofrece. Sin soledad, sin silencio, sin interioridad un camino espiritual es prácticamente imposible. Soledad: física y espiritual. Va quebrando las falsas imágenes de uno mismo, afianza la autoestima, ahuyenta los fantasmas y hace crecer la valentía.Silencio: afina la escucha de la conciencia, de la voz de Dios. Afina la visión interior. Instala en la quietud y la paz, derrumba lo superfluo y superficial. Interioridad: nos hace crecer en el auto-conocimiento, nos hace más abiertos y sensibles, más compasivos y atentos. Nos regala el gusto por la belleza y la contemplación.

Aprovechemos este tiempo de Adviento para regalarnos y regalar tiempos de verdadero desierto. Dios sigue obrando hoy en el desierto de nuestras vidas, pues muchas veces nos  encontramos más dispuestos a oír la palabra de Dios cuando la vida parece más árida. Entregándonos al desierto ocurrirá otra vez el eterno milagro: el desierto de nuestras vidas florecerá.

    3.  Y finalmente el texto nos dona un llamado universal, la Epifanía de las naciones, un texto misionero: y todos los hombres verán la salvación de Dios” recordemos que Lucas es un judío helenizado, y tanto en su Evangelio como en Hechos hay referencias frecuentes y positivas hacia los gentiles, los no judíos. También hoy, como en el tiempo de Jésius, vivimos en un mundo dividido, donde los diferentes (es decir los gentiles de hoy), son segregados, excluídos y donde clasificamos al prójimo por origen, religión, educación, política, riqueza, posición social e incluso por su elección sexual. El pueblo necesita oír que Dios llama a todos y a todas al arrepentimiento y al perdón de pecados. Todos están incluidos en este caminoNadie es excluido de la salvación. Todas somos criaturas de Dios. Y esto nos recuerda que el tiempo del Adviento, es el tiempo de la promesa, además de que la salvación es para todos y todas, y que todos podemos esperarla con fe.

El Evangelio nos muestra entonces este camino: recordando siempre que nosotros no poseemos la verdad; la verdad nos posee. No necesitamos “ser especiales”; ya lo somos. No hay que buscar ser originales; también ya lo somos. Necesitamos sintonizar vitalmente con Aquel que esperamos, contagiarnos de su pasión por Dios y por el ser humano. Darle la oportunidad de que penetre con su fuerza humanizadora en nuestros problemas, crisis, miedos y esperanzas, para aprender de Él un estilo de vivir inclusivo y realizable con todos, en todos los tiempos y en todas las culturas. Porque Aquel que esperamos nos enseña a vivir la fe no por obligación, sino por atracción. Su secreto es el secreto de toda evangelización que consiste en estar en relación constante con Él porque sin Él, sin su amor y misericordia, no es posible engendrar una fe nueva, y no es posible la generación de los hijos de Dios en nuestro mundo.

  • Elisa Silva
  • 05 Diciembre 2024
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