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Misioneras de María
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Adviento: tiempo de Esperanza y Renovación


Inicia el Adviento y la liturgia nos quiere regalar hoy este texto, para que nos ayude a comprender que la Navidad, que dentro de poco celebraremos, es un acontecimiento renovador y transformador. Algo nuevo aparecerá en el horizonte de la Historia y ya nadie quedará indiferente ante él.

“Habrá señales prodigiosas en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra, las naciones se llenarán de angustia y de miedo por el estruendo de las olas del mar… Analizando el texto, tenemos la duda si el evangelista Lucas nos hace una profecía, de su autoría, tomada en gran parte del AT y puesta en boca de Jesús para describir lo que estaba sucediendo en ese tiempo. Históricamente sucedió que en el año 70 D.C. tuvo lugar el primer asedio de Jerusalén por Roma, bajo el comando de Tito, el futuro emperador, hijo de Vespasiano, y realmente fue en este tiempo que inicia la dispersión y la muerte de muchos habitantes de la zona. Palestina era una provincia pobre.  Después de la toma de Jerusalén, recordada en el Arco de Tito que todavía hoy vemos en el Foro de Roma, la provincia se convierte en un lugar ocupado por Roma. Incluso en un área del Templo se erige una estatua al emperador.  La profecía se cumplirá totalmente en el año 135, con la destrucción completa de Jerusalén y con la diáspora. Ningún judío podrá vivir en su tierra… y así fue hasta 1948, año en que se proclama el nuevo Estado de Israel.

Pero el pasaje no habla solamente de destrucción; habla también de Esperanza. Jesús viene, según Lucas, a liberar a todos y a todas por igual porque el mensaje del Jesús y sus actos, cambiarán la historia. 

La esperanza no es una meta, es un estilo de vida. Una nueva oportunidad para que todos y todas sean libres y solidarios. Un nuevo comienzo de paz y justicia.  Así, mientras esperamos, tenemos trabajo que hacer. Por eso algo importante del discurso que Lucas nos presenta, no está en el futuro, que nadie conoce, sino en el presente. El evangelista nos pone delante dos actitudes; las dos tienen que ver con el fin del mundo, pero se viven ya desde ahora. El día de mañana queda demasiado lejos, de lo que se trata es de vivir en profundidad el ahora, el presente:

  • La primera actitud es vivir superficialmente; es la actitud de aquellos que se asustan ante las desgracias, los que viven con miedo sin esperanza. Lucas menciona el vicio, el alcohol y el dejarse llevar por las preocupaciones de la vida; pero son sólo tres ejemplos para que nosotros, podamos añadir más; todo aquello que nos saca de nosotros mismos, que no nos deja ir a lo profundo de nuestro corazón, que hace de nosotros personas superficiales, sin sueños, anhelos, proyectos y mucho menos de esperanza, porque creen que la esperanza llegará un día y no se dan cuenta que la esperanza ya es un modo y estilo de vivir, se vive en el presente, en el aquí y ahora.
  • La segunda actitud es de quien vive la esperanza cada momento de su existencia; Lucas la representa con la postura erguida, la cabeza alta y el estar siempre despierto, alerta, vigilante, deseoso de ver a Jesús. Quien cree sabe que su confianza está firme en Dios. Lucas añade además un tema que le encanta: la oración. «Pidiendo fuerza» es la forma que tiene de aludir a la plegaria confiada y constante.

Dentro de nosotros mismos existen las dos actitudes. Deseamos en el fondo de nuestro corazón la liberación que sólo Dios y su Espíritu nos pueden dar. Pero también albergamos en nuestra alma deseos de poder, de dominación, de utilización egoísta de los demás, de ser servidos y no servir. Por eso también nosotros podemos mirar angustiados el cielo cuando Dios quiere hacer transformaciones profundas en nosotros mismos, pero a veces ponemos resistencia a una conversión profunda. De esta manera Lucas transforma un texto que habla del fin del mundo en un discurso centrado en el presente. 

Así, vivir el Adviento es vivir un tiempo de gracia, un regalo divino, para dejar serenar nuestro corazón y que Dios pueda iluminar nuestros egoísmos con la luz cálida y cariñosa de su amor. Tenemos mucho que renovar y solo Dios sabrá purificarnos por dentro, para que la Navidad se inunde de deseos para vivir cotidianamente, con Jesús, una vida llena de Esperanza.

  • Elisa Silva
  • 28 Noviembre 2024
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