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Misioneras de María
XAVERIANAS

Podcast

Por la vida del mundo


El pan que Jesús distribuyó a miles de personas es solo un signo del verdadero alimento. El verdadero alimento es Aquel que da el pan. Según el evangelista Juan, las necesidades de la vida humana (pero podemos pensar también en la necesidad de éxito, de poder, de riqueza) esconden el único gran deseo de sentirnos vivos, de vivir una existencia bella, llena de sentido, en la que se valore lo que somos y en la que experimentemos libertad. Sin embargo, solo Jesús puede saciar este deseo.

Jesús nos advierte que no nos conformemos con los falsos alimentos que se nos ofrecen. Incluso el maná del desierto era solo un alimento para el cuerpo. Permitía vivir un día más. Así como, cuando estamos enfermos, los tratamientos más costosos de los médicos más competentes no son suficientes para garantizarnos toda la vida que quisiéramos...

Jesús, en cambio, es "el pan que desciende del cielo, para que quien lo coma no muera". El pan que Él da transmite al hombre la vida que viene de Dios. "Si alguien come de este pan vivirá para siempre, y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo" (Jn 6, 51).

Así pues, el pan que nos da es su carne: viene de Dios, y por eso es capaz de transmitir vida eterna. Esto no significa vivir eternamente, sino vivir una vida de calidad "divina" a favor de todos: una vida hecha de verdad, de bondad, de entrega de sí mismo, de justicia, de paz; esta es la vida de Jesús, que Él quiere transmitimos.

Cuando en la última cena dice: "Este es mi cuerpo, entregado por vosotros", Jesús expresa el significado de su existencia: una vida "para" los demás, para todos nosotros, para que podamos tener vida a través de Él. Jesús nos hace el don de ser también nosotros hijos de Dios para la vida del mundo. Se trata de un don extraordinario hecho a quien cree.

“Nutrirse de Jesús es el camino para entrar en la misma lógica de amor y de entrega del sacrificio de la Cruz; quien sabe arrodillarse ante la Eucaristía, quien recibe el cuerpo del Señor, no puede dejar de estar atento, en la trama ordinaria de los días, a las situaciones indignas del hombre, y sabe inclinarse personalmente sobre el necesitado, sabe partir su propio pan con el hambriento, compartir el agua con el sediento, vestir al desnudo, visitar al enfermo y al encarcelado…” (Benedicto XVI).

Los judíos tienen dificultades para creer (Jn 6, 52). Pero Jesús insiste: por la fe nuestra propia vida se convierte en "una vida para", una vida que se asemeja a la de Dios. «El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él»: en nuestra carne la carne del Verbo. Y este "permanecer" no se refiere a experiencias místicas extraordinarias, sino a la caridad vivida en las pequeñas cosas que hacemos cada día, en la forma de encontrarnos con los demás, de trabajar por el bien común, permaneciendo en comunión con Él.

«Así como el Padre, que tiene vida, me envió, y yo vivo por el Padre, así también el que me come vivirá por mí» (Jn 6, 57). Jesús viene del Padre, es enviado por Él, ama con su amor y vive para Él, para agradarle; es feliz de cumplir su voluntad. Así también "el que come de Jesús", es decir, acoge su carne, escucha sus palabras y las hace suyas, contempla sus obras, las ama y las asimila, vive a través de Él. ¿No experimentamos acaso que el amor de Jesús, su perdón, su misericordia y su paciencia nos sostienen y nos dan la fuerza para soportar el peso de lo cotidiano?

P. Ermes Ronchi sugiere leer el pasaje sustituyendo el verbo "comer" por el verbo "amar". "Quien come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él", se traduce entonces: quien ama mi humanidad se convierte en mi casa, el lugar donde el amor encuentra su hogar. Amar crea un hogar. Y esto vale tanto para Dios como para el hombre.

“La vida en su verdadero sentido no se tiene en uno mismo por sí solo, ni siquiera solo de sí mismo: es una relación. Y la vida en su totalidad es relación con Aquel que es la fuente de la vida. Si estamos en relación con Aquel que no muere, que es la Vida misma y el mismo Amor, entonces estamos en la vida. Entonces ‘vivimos’.” (Benedicto XVI)

  • Silvia Marsili
  • 16 Agosto 2024
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