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Misioneras de María
XAVERIANAS

Podcast

Permanecer


Este domingo, Jesús se atribuye a sí mismo la imagen de la viña y la vid, imágenes que se repiten muchas veces en la Biblia. La viña es símbolo de Israel, la vid es figura de los tiempos mesiánicos y el vino es la bebida de amor y alianza de los amantes. En Cristo se cumplen estas realidades: él es la vid y el vino nuevo.

La imagen de la vid y los sarmientos nos transmite de manera efectiva el vínculo vital que vivimos en la relación con Jesús y también con la comunidad.

Permanecer en él y dar fruto son lo mismo, en una tensión mutua y fecunda que nos llama ante todo a esa raíz fundamental sin la cual nos volvemos estériles.

Dicho esto, también es necesario subrayar que no se da fruto solos ni como bateadores libres, sino siempre dentro de una fraternidad, que también es una meta a perseguir.

Pensemos en San Francisco Javier, que en misión en el Oriente pasó mucho tiempo solo. Le consolaba llevar siempre en el bolsillo interior de su camisa, en un pedacito de carta recortada, los nombres escritos de sus compañeros, de quienes guardaba en el corazón el vivo recuerdo. Dar fruto no es obra de solitarios, sino siempre dentro de un contexto de amor, un contexto que es fruto de la misma misión.

Sin embargo, hay momentos en los que, frente al contexto internacional, los conflictos, la arrogancia en las relaciones y a veces incluso las decepciones de personas consideradas amigas, se experimenta el deseo de huir y abandonarlo todo, aunque se sepa que la misión no es escapar de situaciones, contextos o personas, sino ante todo permanecer.

También puede suceder vivir rupturas en relaciones significativas, como vínculos de amor o amistad, por la desaparición repentina de alguien querido, que prefiere tomar la ruta corta y salir de una situación incómoda, evitando el enfrentamiento con las reacciones de quienes están involucrados. Este modo de actuar a menudo oculta una dificultad para permanecer en la complejidad y comunicarse sobre cuestiones emocionales. Es difícil lidiar con el juicio de los demás y enfrentar el miedo a decepcionar sus expectativas. Por la rabia y la frustración, estaríamos inclinados a romper relaciones, sin darnos cuenta de que nosotros mismos nos estamos rompiendo. Sucede que, como los dos discípulos de Emaús, decepcionados porque las cosas no han salido como esperaban, quisiéramos huir.

El llamado de Jesús, en cambio, es a permanecer, sin aislarnos. Permanecer, no por obstinación, sino con apertura a la vida que se nos comunica. Y la vida también nos es transmitida a través de las podas durante el período "verde" de nuestra existencia, entre la germinación y la vendimia. Nos sucede también a nosotros como con la vid, que para dar fruto es necesario sufrir cortes, a través de prácticas como el adelgazamiento de los racimos, la poda, la eliminación de nuevos brotes para favorecer su crecimiento, la defoliación... Estas medidas sirven para crear un ambiente vegetativo ideal para el desarrollo y maduración de los frutos.

Jesús nos sitúa honestamente ante la realidad y el esfuerzo de la vida, ante las dolorosas podas que nos reserva y que nunca faltan, pero que luego nos permiten dar fruto. En una cultura que exorciza cualquier tipo de corte y renuncia, es necesario recordar que cada primavera es precedida por un invierno, que la floración pasa por un tiempo de despojamiento en el que la vid aparece desnuda, retorcida y seca.

Confiamos con docilidad en el hábil trabajo del agricultor, aunque no siempre esté claro el sentido de su poda. ¡Solo así será posible volver a sentir en el aire la fragancia de la vid en flor!

  • Elena Conforto
  • 26 Abril 2024
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