“Contaron lo que había pasado en el camino”. En este tiempo pos-pascual, los Evangelios, en diferentes formas y maneras, nos muestran cuál fue el camino escogido por Jesús Resucitado para que sus discípulos pudieran regresar a la fe. La fe en Cristo no es algo que dependa de una decisión personal; hay un camino que recorrer y Jesús hizo que sus apóstoles recorrieran ese camino.
Desde el inicio, en el Evangelio de Lucas, vemos a un Jesús en marcha, caminante, un Jesús que emigra de un pueblo a otro. En la infancia de Jesús, desde su nacimiento, sus padres se ponen en marcha, después de su nacimiento, emigran a otro pueblo, luego regresan. Durante su ministerio y su camino a Jerusalén, San Lucas necesita diez capítulos para escribir esta marcha hacia Jerusalén. Así que igualmente encontramos en Lucas un Jesús pascual que va siempre recorriendo algún camino.
Después de resucitar, Jesús continuará con sus discípulos un proceso pedagógico y formativo. Es así que los discípulos encontrarán a Jesús en los lugares donde ellos se encuentran, sin importar lo que estén haciendo: las mujeres lo buscan y lo encuentran en la tumba vacía; otros escondidos y encerrados por miedo a los judíos; otros pescando en el lago Tiberiades; otros por el camino que los lleva a Emaús. Para Jesús todos los caminos y todos los lugares, todas las situaciones, son lugares Pascuales.
Al inicio de este texto que nos propone el tercer Domingo de Pascua encontramos a los dos discípulos que regresan a Jerusalén. Primeramente, vemos a dos viajeros que salieron de Jerusalén muy tristes, y desconsolados, ellos se dirigen a Emaús. Algo pasó en el camino, encontraron y creyeron que Jesús había resucitado. Después de este encuentro con Jesús, ahora vemos a dos discípulos que no pueden quedarse en Emaús, corren nuevamente a Jerusalén en busca de su comunidad. Esta iniciativa de los discípulos nos muestra entonces que ellos no caminan solos, porque quien hace este encuentro con Jesús está llamado a vivir en una comunidad que se reúne en su nombre y en una comunidad que comparte el pan. En el seno de la comunidad es donde los discípulos encuentran el apoyo, la comprensión, la ayuda mutua, porque allí viven la caridad, fruto del amor de los unos a los otros.
Entonces regresan a toda prisa a Jerusalén y encuentran a los apóstoles reunidos comentando que se le había aparecido a Pedro, pero de pronto se les presenta el Señor y les repite: “La paz esté con Uds.” Los discípulos, a pesar de ver a Jesús, no terminan de creer. Jesús deberá seguir repitiendo esos encuentros personales, hasta llevarlos a la plena confesión y reconocimiento de que Él es el Señor y Señor de la Vida.
«¿Tenéis aquí algo de comer?» Los ojos de los dos discípulos se abren y reconocen a Jesús gracias al momento en que comparten el pan. Sabemos la importancia que Jesús le da al comer juntos. En los Evangelios vemos muchos episodios donde Jesús comparte el pan con los discípulos, con la gente, con los pobres, etc. Es precisamente en esos momentos donde Jesús hace sus milagros, cura a los enfermos, o da su perdón. Es aquí en la mesa, donde Jesús vive esos momentos para que todos, sin excluir a nadie, pueden hacer la experiencia del amor y la misericordia de su Padre. Por eso no nos sorprende que, al compartir y partir el pan, los dos discípulos hayan tenido la experiencia de abrir sus corazones a la realidad pascual, reconociendo a Jesús resucitado.
Es por estas experiencias que también para nosotros, el grande sacramento pascual, sigue siendo, hasta hoy, la Eucaristía. El Jesús que sigue compartiendo su pan con nosotros de mil maneras, es el Jesús pascual que sigue a nuestro lado caminando conmigo, contigo, con todos nosotros, siendo nuestro compañero de viaje, que hace arder nuestro corazón, cuando Él sigue a nuestro lado. El resucitado nos instruye y nos impulsa a regresar siempre a nuestra comunidad, a no quedarnos solos, porque caminar con Jesús es ser como Él, compañeros de viaje, de vida; es compartir con los demás lo que tenemos y lo que somos; es ser compasivos y comprensivos con todos sin exclusión; es compartir el pan con quien lo necesita y partir el pan con la comunidad en la Eucaristía, sacramento que llena nuestro corazón de esperanza porque ese Jesús que murió en la Cruz venció la violencia, el odio, el sufrimiento, el fracaso y sobre todo venció a la muerte llenándonos a todos de vida y esperanza.
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Elisa Silva
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13 Abril 2024
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