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Misioneras de María
XAVERIANAS

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¡Vamos hacia el cordero!


Juan Bautista confirma una vez más esta verdad íntima del discernimiento como acompañamiento en la intimidad con Dios. De hecho, hombres y mujeres de todas las épocas siempre han manifestado una fuerte sed insatisfecha de entrar en intimidad con Dios. Esta sed se materializa a través de la multiplicación y diversificación de los sacrificios como vía de acceso. De hecho, la palabra "sacrificio" significa hacer algo sagrado, entrar en comunión con lo divino. Entonces, el sacrificio es tanto más grande cuanto más alto es el deseo de lo divino. Es en ese momento que el sacrificio humano se considera el más grande, aunque siempre se considere horrible y, por lo tanto, condenado en la Biblia.

Después de diversas transformaciones y adaptaciones, el cordero es considerado el objeto sacrificial más sublime y apacible. Esto también marca la transformación de la relación entre Dios y su pueblo, así como la comprensión, un conocimiento mucho más profundo e íntimo de su Dios.

Después de esta digresión, podemos concentrarnos en el título "Cordero de Dios" que Juan Bautista atribuye a Jesús. La primera imagen que viene a la mente es el cordero pascual, evocando toda la historia pascual que probablemente no sea desconocida para los dos discípulos. La otra imagen sería el sacrificio de Abraham y la última, la de Moisés, el cordero que pesaba más que el Faraón y todos sus carros, que no tuvieron la capacidad de impedir el paso del Mar Rojo.

Aunque no podemos decir con precisión cuál de las ideas capturó más la atención de Moisés, podemos afirmar que Juan Bautista allana el camino para reconocer a Jesús como el "objeto sacrificial perfecto" que nos introduce en la intimidad de Dios.

"¿Qué están buscando? ... ¿Dónde moras?": esta pregunta-respuesta refleja toda la profundidad del discernimiento que Jesús propone a los dos discípulos. A partir de ahora, la realización de lo sagrado, o mejor dicho, la comunión con Dios, ya no pasará por el sacrificio del cordero, sino más bien a través de una relación íntima con el Cordero, el verdadero, que lleva en sí todo el Amor del Padre. El camino del discernimiento ahora se realiza yendo hacia el Cordero, viéndolo vivir con el Padre, eligiendo quedarse con Él en la Palabra, para finalmente morar en el Amor del Padre.

  • Licha Santiesteban
  • 14 Enero 2024
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