El evangelio de este domingo nos presenta la figura del Bautista en dos etapas.
1. La primera etapa es su identidad. ¿Quién eres tú? (v.19). Esta es la pregunta que los sacerdotes y levitas le hacen a Juan. Ellos querían saber su identidad y Juan niega ser Elías, el Mesías o la luz. Y se declara como el testigo de la luz. Juan tiene conciencia de su identidad. Él no es el Mesías, a él le corresponde ser testigo de Jesús y facilitar que todos se encuentren con Él y que le sigan.
2. La segunda etapa es su misión. “¿Por qué razón bautizas si no eres el Cristo?” (v. 25). Así le preguntan los enviados de los fariseos. Juan acepta que bautiza; sin embargo, lo más importante para el cuarto evangelista es presentarlo como testigo del Cordero de Dios. El cual está entre ellos, pero no lo conocen. La presentación del Cordero de Dios es para provocar, entre otras cosas, que sus oyentes lo sigan. De hecho, él mismo presenta Jesús a dos de sus discípulos, y se dice que ellos lo siguieron (cfr. Juan 1,35).
Jesús es “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, es decir, el que elimina al que se opone a la vida auténtica que ofrece Dios. En este contexto, ¿qué significa celebrar el Nacimiento del Señor? Ante todo, sabemos que la finalidad principal de la encarnación es preservar la vida, promover lo genuinamente humano y liberar todo lo que deshumaniza. Además, su presencia debe motivar una gran esperanza que le da sentido a la vida.
El evangelista Juan nos presenta tres características edificantes de Juan el Bautista.
a) Juan descubrió su vocación y la vivió con gran coherencia y autenticidad. Él es el primer testigo del Nuevo Testamento y se presenta como “la voz que grita en el desierto”, aplicándose las palabras del profeta Isaías. Él vino a preparar los caminos del Mesías y su testimonio brilla como una luz que indica el verdadero camino de la vida, que es Jesús.
b) Juan fue fiel al compromiso, incluso hasta el sacrificio de su propia vida. Él no vive para sí mismo. Su misión es anunciar y preparar los caminos del Señor. Él es el testigo fiel, que entregará su vida por la justicia y la verdad. Juan reconoce a Aquel que viene después de él y del cual afirma: “Yo no soy digno de desatarle las sandalias” (v. 28).
c) Juan no se dejó llevar por la tentación de la vanidad. Él recibe la revelación de que Jesús es el Mesías y de inmediato desaparece, se hace a un lado. Reconoce la grandeza de Jesús y se retira de la escena sin el menor signo de envidia o de rivalidad. Él no se atreve a usurpar el lugar de Jesús, y con sabiduría afirma: “yo no soy el Mesías” (v. 20).
Juan el Bautista desarrolla su ministerio en Betania, en la orilla del Jordán. ¿Sería una casualidad para el evangelista que la palabra Betania significa “casa del testimonio”? ¿Sería también, una invitación para que toda comunidad sea una auténtica casa del testimonio?
Según el evangelista Juan, el Bautista es el modelo por excelencia del testigo. Y, para ser testigos es necesario ser oyentes. Por eso, la iglesia como “casa del testimonio” es llamada constantemente a dejarse iluminar por la Palabra, para ser testigo del rostro de Dios que Jesús ha dado a conocer.
Cada comunidad cristiana, revestida del Espíritu del Señor es llamada a hacer visible ese rostro de Dios y también hacer brotar la justicia, con sus propias obras.
Que en este adviento asumamos el compromiso de ser testigos de Jesús, a ejemplo del Bautista y rechazar todo lo que daña la vida.
Así nos recuerda el Papa Francisco en sus escritos sobre el cuidado de la casa común: “Hay un modo de entender la vida y la acción humana que se ha desviado y que contradice la realidad hasta dañarla” (Laudato Sí, 101). Pensemos seriamente en nuestro compromiso como discípulos misioneros de Jesucristo.
Recordemos que el gozo de la salvación que trae Jesús es anunciado a los humildes y a los últimos. Así que, nadie se considere excluido de la alegría de la Navidad, porque el Señor vino para salvar a todos. Que nuestro comportamiento personal y nuestro compromiso social nos hagan colaborar siempre con la acción del espíritu, sabiendo discernir, para elegir siempre lo que es justo, bello y bueno.
En fin, reflexionemos: ¿Qué lugar tiene el ser humano y su acción en el mundo? ¿Qué podemos hacer para ser facilitadores del encuentro con Jesucristo?
Podemos concluir con la hermosa plegaria de Monseñor Helder Cámara (El Profeta de Brasil 1909 -1999).
“Haz de mi Señor un arco iris de bien, esperanza y de paz.
Arco iris que nunca vaya a anunciar engañosa bondad,
Vanas esperanzas o falsa paz.
Arco iris encargado por ti de anunciar que jamás fallará
Tu amor de Padre, la muerte de Tu Hijo,
La maravillosa acción de tu Espíritu, ¡Oh Señor!”
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Neusarina Caravelas Furtado
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15 Diciembre 2023
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