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Misioneras de María
XAVERIANAS

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Comunidad un lugar para aprender el Evangelio


El tema central del Evangelio de este domingo es la construcción de la comunidad, como una comunidad de hermanos y hermanas en Cristo. El evangelista Mateo nos invita a entender un elemento central para su construcción: "la corrección fraterna", un tema siempre relevante y igualmente desafiante, porque está arraigado en el ámbito de la caridad y el amor por el hermano, que nos motiva a comprometernos plenamente en la construcción de la comunidad incluso con aquellos que se han alejado de ella. La corrección fraterna solo es posible en un entorno comunitario basado en el respeto, la confianza, el afecto sincero y, no menos importante, una profunda amistad, nutrida diariamente por la Palabra de Dios.

No basta con tener un conocimiento académico de la Palabra de Dios o de la teología para entablar un diálogo con aquellos que se han apartado de la comunidad, sino que es necesario haber experimentado y conocido el amor y la misericordia cotidianos que Dios tiene por mí/nosotros. La Palabra de Dios, de la cual estamos llamados a tener un conocimiento experiencial, nos impulsa a comprometernos con el hermano o hermana que queremos reintegrar en la comunidad. Dios ha confiado al hombre el cuidado del hombre, que es su hermano, y puede hacernos la misma pregunta antigua: "¿Dónde está tu hermano...?" No podemos responder: "¿Acaso soy el guardián de mi hermano?" (Génesis 4,9). El apóstol Pablo, en la segunda lectura, nos exhorta a no deber nada más que amor mutuo, porque "quien ama, ha cumplido la ley", y la plenitud de la ley es la caridad hacia el hermano.

La única experiencia que nos da la certeza de amar verdaderamente a Dios, incluso si no lo vemos. Y si nuestra experiencia diaria nos hace sentir la incapacidad de amar y perdonar, el evangelista Mateo nos recuerda que cada vez que formemos comunidades en nombre del Padre, Él nos concederá cualquier cosa que le pidamos. Esta es la senda que cada uno de nosotros debe seguir. Así que consideremos el camino sinodal como una oportunidad propicia, no solo para amar al hermano o hermana, sino también para entrenarnos en escuchar el silencio de todos aquellos que, por diversas razones, están esperando ser alcanzados por manos, rostros y corazones, para experimentar el amor incondicional de Dios que, a través de nosotros, puede llegar a muchos. Así, la alegría del Evangelio, la de "ganar al hermano", realmente puede llenar el corazón y la vida de todos aquellos que se encuentren con Jesús.

"El camino hacia Dios" (Bruno Ferrero) Muchos ermitaños vivían cerca de la fuente. Cada uno de ellos se había construido su propia cabaña y pasaba los días en profundo silencio, meditando y orando. Cada uno, sumido en sí mismo, invocaba la presencia de Dios. Dios deseaba visitarlos, pero no lograba encontrar el camino. Todo lo que veía eran puntos distantes entre sí en la vastedad del desierto. Luego, un día, debido a una necesidad repentina, uno de los ermitaños visitó a otro. En el suelo quedó una pequeña huella de ese camino. Poco tiempo después, el otro ermitaño devolvió la visita y esa huella se hizo más profunda. Los demás ermitaños también comenzaron a intercambiar visitas. Esto sucedió cada vez con más frecuencia. Hasta que un día, Dios, siempre invocado por los buenos ermitaños, miró desde lo alto y vio que había una red de senderos que conectaban las cabañas de los ermitaños entre sí. Muy feliz, Dios dijo: "¡Ahora sí! Ahora tengo el camino para ir a visitarlos".

  • Laura Littamé
  • 10 Septiembre 2023
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