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Misioneras de María
XAVERIANAS

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Al seguir a Jesús, Mateo va a dar un giro a su vida y va a romper con su vida “pecadora” anterior. Él siente la aceptación de Jesús y, por tanto, se siente perdonado de la vida que llevaba. A Jesús también lo llamaron de comelón y bebedor, amigo de pecadores… Pues ese mismo Jesús va a transformar la vida de los pecadores en discípulos. Mateo, que reconoce a Jesús como enviado de Dios capaz de perdonar la vida llena de fallas, ahora siguiéndolo, siente que algo nuevo y valioso llegó para él. Los fariseos, por el contrario, considerándose justos, se cierran en sí mismos refugiándose en un culto vacío, que no admite relación alguna con los impuros. Los fariseos llaman a Jesús de maestro con cierta ironía, como desconfiando de su conocimiento de la Escritura. A lo que Jesús los remite a la frase de Oseas de la 1ª lectura: porque yo quiero amor y no sacrificios (ritos), conocimiento de Dios, más que holocaustos (ofrendas). Los pecadores como Mateo sintieron la enorme necesidad de la misericordia de Dios y por eso recurrieron al médico, que lo va sanando… y no a los incrédulos fariseos. Jesús hizo de la comida compartida con todos, uno de los símbolos más expresivos de la novedad del reino de Dios que ha venido a eliminar las barreras discriminatorias. De ahí el escándalo de Jesús de dejarse invitar por recaudadores de impuestos y pecadores, personajes mal vistos por las élites sociorreligiosas. Ante Dios todos somos iguales: pecadores necesitados de su misericordia y del alimento que da vida. Sentarse juntos a la mesa es una imagen muy familiar. Se ha llegado a afirmar que algo esencial del cristianismo es la capacidad de comer y compartir juntos en la misma mesa.

 

  • Gerardo sx
  • 11 Junio 2023
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