Dios es luz: una de las más bellas definiciones de Dios (1 Juan 1,5). Y el Evangelio de hoy anuncia: "Vosotros sois la sal de la tierra, sois la luz del mundo", una de las más bellas definiciones del hombre. No dice: debes ser, esfuérzate por llegar a ser, pero ya eres luz, ya eres sal.
Creemos que Dios es luz; pero creer que el hombre también es luz, que yo también lo soy y tú también, con nuestros límites y con nuestras sombras, esto es sorprendente; no es un alarde, es un don y una responsabilidad.
Tu eres luz. La luz no se ilumina a sí misma, su función es dejar ver otras realidades, si deslumbra o ilumina poco no sirve de nada.
Tu eres sal. La sal se utiliza para añadir sabor, hace que los alimentos sean apetecibles y los conserva. La humildad de la sal y de la luz es perderse en las cosas, sin hacer ruido ni violencia.
Así todo cristiano está llamado a vivir las relaciones, los encuentros con los demás, el diálogo: gastarse sin hacer ruido, sin manías de ser protagonistas, diluyéndose para sacar a relucir lo bello y lo bueno que hay en el otro y en las cosas, venciendo la tentación de dominar o manipular.
Sólo cuando abandono los tres verbos oscuros: poseer, dominar, condenar y, aunque sea a tientas, amar, seguir y vivir los tres de sal y luz: dar, diluir, servir, entonces empiezo a ser sal que disuelve y hace bien las cosas, a vivir el Evangelio, a reflejar ese pedacito de Dios que también está en mí.
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Cecilia Zafferri
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04 Febrero 2023
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