María, la muchacha de Nazaret
En el corazón de la Iglesia vive y resplandece María. Por eso a lo largo del año litúrgico se celebran varias fiestas en su honor. Es ella, María, el gran modelo para una Iglesia joven, que quiere seguir a Cristo con fidelidad y frescura; es ella, primera discípula y misionera, modelo de humildad y docilidad para todo creyente.
Cuando era muy joven, recibió el anuncio del ángel y no se privó de hacer preguntas (cf. Lc 1,34). Pero tenía una mente abierta y un corazón disponible, por eso se atrevió a decir: «Aquí está la sierva del Señor» (Lc 1,38).
Siempre llama la atención la fuerza del “sí” de María joven. El atrevimiento de su respuesta al ángel: “hágase en mí según tu palabra”. No fue una aceptación pasiva o resignada. No fue un “sí” como a decir: bueno, intentamos, vamos a ver qué pasa. Aun sin entender, y seguramente con miedo, pero decidida, dijo “sí”, sin vueltas para atrás. Fue el “sí” de quien quiere comprometerse y arriesgarse, de quien quiere apostarlo todo en Aquel en el cual ha puesto toda su confianza (2Tm 1,12).
María respondió al llamado, a la vocación y misión que Dios le confiaba, realizó el sueño de amor que Dios tenía para ella. ¡Joven! ¡También para ti Dios tiene un sueño de amor! También a ti te llama a una vocación y misión. ¿Ya sabes cuál es? ¿Cuál es el “sí” que estás llamado a pronunciar?
Mira a María, ella tenía, sin dudas, una misión difícil, pero su deseo de amar, seguir a Dos y Su voluntad fueron más fuertes que sus miedos. Muchas veces, a lo largo de su vida, sin entender los acontecimientos, sin entender a su Hijo, renovó su “Sí”.

María no lo tenía todo claro. “¡María no compró un seguro de vida! ¡María se la jugó y por eso es mujer fuerte y valiosa, por eso es una influencer, es la influencer de Dios! El “sí” y las ganas de servir fueron más fuertes que las dudas y las dificultades” (CV 44).
María es la mujer del “sí”. De ella aprendemos a decir “sí” en la testaruda paciencia y creatividad de aquellos que no se achican y vuelven a comenzar” (CV 45). María, la chica humilde y sencilla que cantaba de alegría (cf. Lc 1,47); María, la jovencita que vivía la vida con fe y guardaba todo en su corazón de muchacha y luego de mamá (cf. Lc 2,19.51).
María, la mujer del camino, cuando supo que su prima la necesitaba no pensó en sí misma, en su embarazo, sino que salió hacia la montaña para atender a Isabel (Lc 1,39). María, mamá y esposa, cuando tuvo que proteger a su niño, no dudó en ir con José a un país lejano (cf. Mt 2,13-14). María, maestra en el discipulado, permaneció junto a los discípulos reunidos en oración esperando al Espíritu Santo (cf. Hch 1,14). Así, con su presencia, nació una Iglesia joven, con sus Apóstoles en salida para hacer nacer un mundo nuevo (cf. Hch 2,4-11).
Aquella muchacha hoy es la Madre que vela por los hijos, estos hijos que caminamos por la vida muchas veces cansados, desanimados, necesitados, pero ansiosos que la luz de la esperanza no se apague. Nuestra Madre mira, cuida y acompaña a esta humanidad peregrina y en particular a los jóvenes tan amados por ella.
Querido joven, ¿Qué tienes en tu corazón? ¿Cuáles son tus sueños y aspiraciones? ¿A qué te sientes llamado? ¿A un trabajo profesional, al matrimonio o a la soltería; al sacerdocio, a la vida consagrada o misionera? Tal vez te sientes confundido y tienes miedo de elegir, tienes miedo de equivocarte. No te preocupes, es Dios que se fija en ti y te llama para escribir contigo tu personal historia de salvación. Mira a María, joven, mujer, mamá y discípula; mira a ella, contempla su vida, su fe; confía en ella; ella te llevará a su Hijo. Y así María iluminará de nuevo tu juventud. Así como ella y con ella también tú dirás tu “sí”.






